EUROPA ARDE, ESPAÑA AMA
EUROPA ARDE, ESPAÑA AMA
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© Fernando Garrido, 20, X, 2026
No hace falta consultar a M. Rajoy para saber que los que queman París, Lyon, Marsella, Burdeos o Limoges, son franchutes —como lo eran aquellos salvajes que quemaron España entre 1807 y 1814—, aunque seguramente hoy en su mayoría no desciendan de Carlos Martel, sino más bien de aquellos invasores de oscura tez a quienes frenó en Poitiers el año 732 de nuestra era.
Pero andando el tiempo ya se ve donde los tenemos, a qué propósitos desestabilizadores sirven y junto a quienes.

Los socialismos, siempre sustancial e inevitablemente radicales, han declarado la guerra desde dentro del sistema a la misma civilización que ya hubo de sufrir en el siglo XX su barbarie. Nunca, tras la última Gran Guerra, debió de homologarse a ningún tipo de socialismo en las democracias liberales, porque son incompatibles con los fundamentos básicos de la libertad. E inevitablemente han hecho fracasar a sus instituciones; de entre ellas, la más básica e importante: la educación.

El socialismo científico ha colonizado y contaminado las aulas y cátedras para hacer de la mentira esa falsa realidad romántico posmoderna que su ideología inhumana nunca pudo verificar sin violencia ni crímenes contra los pueblos, para someterlos a su credo miserable y la esclavitud totalitaria.
No es extraño, pues, que las universidades europeas (también las americanas, generadoras del wokismo) sean ahora nodrizas de bárbaros fanatizados, portadores de las bacterias iconoclastas que ocupan y revientan nuestras calles o plazas; que censuran la cultura, asaltan los templos civiles y transgreden la ley, al tiempo que saquean y destruyen los símbolos de nuestra civilización milenaria.

Ahí está el resultado y las consecuencias. Europa está en guerra, pero, cómplice o colaboradora, aún no se da por enterada. Francia e Italia arden, España está fragmentada e invadida, y Alemania a un sólo paso de reeditar el binomio comunismo y nacional socialismo, mientras Rusia espera el momento para dar el próximo zarpazo. Y desde el otro lado, los dos emperadores se juegan a dados el rapto de esa Europa, poblacional y mentalmente enajenada, en liquidación y concurso de acreedores.

Todo esto sucede mientras que, en España, un presidente enamorado del gran amor que profesa a su socia, celebra impúdicamente la corrupción en un karaoke góspel, donde danza como un ganso cojo en medio de un coro de fans clientelares, partiéndose de risa de los españoles.

Pero atención, pues el amor de Sánchez equivale, como cualquiera de sus promesas y propagandas, a afirmar la consiguiente e inmediata profanación de la palabra dada. Así que, Bego debería de estar muy preocupada y atenta por si su cari tiene ya a una Yésica o una Bárbara escondidas en algún pisito o maleta de sus agendas nacionales o internacionales...











