EL BRUMARIO SOCIAL
EL BRUMARIO SOCIAL
Puede escuchar el texto haciendo clic abajo
© Fernando Garrido, 27, X, 2026
Es martes, día de la semana que toma su nombre de Marte, el dios de la guerra. Y en ella nos hallamos bajo el signo de la hoz y la coz sanchista.
Hoy se perpetra otro «martes social» arrojadizo, agendado según la proverbial cursilería retórica que gastan los socialismos para apropiarse de lo ajeno, incluido el modo de nombrar las cosas para arrimarlas —cual ascua— a su marisco.
Algo consustancial a los regímenes psicopáticos y de terror. Como cuando en Francia, a filo de guillotina inventaban un almanaque revolucionario, según el cual ahora nos hallaríamos en el mes de brumario, el mismo en que Bonaparte daba su golpe para erigirse en cónsul dictador y, posteriormente (medio siglo después) lo hiciera su sobrino Luis (Napoleón III).

Precisamente así lo registró Marx en su ensayo histórico, 18 Brumario de Napoleón III, donde encontraremos aquella conocida sentencia farandulera de, «la historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa».
No estoy seguro de que sea tal el orden dramático temporal al que asistimos en España, ni tampoco que sus episodios certifiquen un discurrir histórico de distinta duración, como proponía el annalista galo, Fernand Braudel; pero sí queda ampliamente acreditado que su actor principal es un gran farsante que vino a convertir en trágica nuestra escena reciente.

He ahí, Pedro, el trovadoresco Napoleoncito de meme y bululú, orgullosamente zurdo y enamorado del amor, acometiendo su particular brumario en que llama suyas a las «políticas sociales» como bienes exclusivos que dadivosamente reparte, si bien sólo a sus pancistas y sans-culottes que, insaciables, claman al gobierno el que nos robe aún mucho más al resto.
Pero, qué diablos: «política social» es un concepto harto tautológico y redundante, pues ¿existe en democracia alguna política que no lo sea? ¿es que acaso hay alguna referida a otra instancia diferente?
Según la antigua y acertada consideración aristotélica, los humanos somos un zoom politikon, que bien traducido significa: animales sociales, porque inevitablemente se construye, realiza y vive en sociedad.

O sea, la política, para bien o para mal, atañe a lo social... Incluso un decretazo acerca de cucarachas tendrá que ver con la experiencia social, repelente o atrayente, respecto al asqueroso bicho que cruje en un chasquido cuando lo pisas. Quizás Kafka podría ilustrárnoslo, me refiero a la complicada e íntima experiencia con grandes insectos. Aunque es verdad que lo suyo era inspiración literaria.
No así el patológico delirium trémens preventivo que padecen en las cavernas rufianesco-sanchistas cuando, tras las brumas que les acechan, relatan ver tábanos fascistas organizando las algaradas y destrozos callejeros que ejecutan sus propios cachorros borrokos. Y, más delirante aún, cuando vienen a decir que su jauría cachondo borrica se excita, porque no les gusta que Vox vaya a los mítines con minifalda, y a elles se les revuelve la testosterona social y democrática que llevan dentro.











