SPECULUM SPECULORUM
SPECULUM SPECULORUM
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© Fernando Garrido, 3, X, 2026
Me temo de esas turbas a las que no se les cae de la boca chancla las palabras especular o especulador no tienen ni bárbara idea de cuánto valen ni qué significan. Sinceramente, ante tamaña profusión peyorativa, el que suscribe tenía dudas, si bien alguna idea sobre su uso perverso.
Por eso, observando las fuentes latinas se descubre que a partir de la raíz specio (que significa mirar) emergen dos vocablos. Uno es masculino, speculum. y el otro femenino, specula, ambos se refieren, groso modo, a un medio para la observación o contemplación: espejo y atalaya respectivamente. De entre ambos proviene el verbo speculari que indica la acción de observar desde lo alto y de allí también el adjetivo specularis, referente a espejo, transparente, diáfano o cristalino.

A lo largo de la historia, ya en castellano, el sentido y evolución de esas palabras ha ido señalando distintas cosas. De entre ellas, en el ámbito económico, especular, significa efectuar operaciones productivas, comerciales o financieras observando las fluctuaciones a la baja o al alza y los desequilibrios inherentes al mercado, a fin de obtener algún beneficio. De ahí que la especulación pueda ser fructífera o ruinosa, dependiendo de una acertada o equivocada elección, observación y análisis.

Especular, especular tal que así, en sentido figurado, no ideológico, también especula el agricultor que entierra un grano para obtener ciento. Especula el opositor cuando estudia para conseguir un puesto de trabajo. Especula con encontrar agua el zahorí que perfora la tierra. Especula un servidor con la prosa ligera para que alguien lo lea... Especula, en fin, el político con la especulación arrojadiza como estrategia para obtener votos. Sin embargo, qué escándalo, el que construye o vende pisos y el que los compra para ponerlos en alquiler obteniendo una renta es un buitre carroño y despiadado, mientras que la turbamulta que así lo califica especula con romper las normas y los corazones al pueblo, confrontar derechos con libertades y expropiarlo todo para vivir by the face.

Así los déficits de vivienda, harto tribulados, creo que nunca habíase visto en lo que llevamos de siglo, ni en el último cuarto del anterior, el cúmulo de despropósitos que nos ha traído a España ese galán y solemne fantasma de melodrama bolivariano, que venía a salvarnos del Mal, pero del Bien ni de las viviendas que fue prometiendo se tiene aún ninguna noticia cierta.
Y a propósito de la insólita urgencia del pleno para fracasar los decretos del «exprópiese», algunos especulan con comicios inminentes que, barrunto, no serán. Ya se verá si finalmente no habrán de ser convocadas de oficio por un tribunal ante la rebeldía del único sujeto que tiene reservada la potestad de llamar a urnas.

De momento, la votación y decaída parlamentaria en viernes ha privado a sus más absentistas señorías de la habitual estampida del finde que suelen adelantar al juernes (excusado sea el román cursismo).
En cualquier modo, estamos asistiendo a la peor fase —no sé si la última— cuando la bestia se ve tan acorralada que, a la desesperada, se vuelve extremadamente agresiva. En tal deriva puede arrastrar y llevarse por delante todo lo que se la oponga. No hace falta decir que en tal trance incluso lo más sagrado puede estar en peligro. Y el narciso Begoño, una vez más, se fue a reflexionar con su speculum speculorum (espejo de espejos) un calendario de odio in saecula saeculorum (por los siglos de los siglos).











