EL CLUB de los CREADORES de MUERTOS

F. Garrido • 15 de enero de 2023

EL CLUB de los CREADORES de MUERTOS


© Fernando Garrido, 15, I, 2023


A propósito de la comedia, decía –creo que fue Unamuno- algo así como que es la ficción que mira al hombre desde abajo, en un escorzo que necesariamente deforma su figura, de ahí su comicidad y desenfado. Decía sin embargo del drama que observa lo humano de frente, cara a cara, arrostrando sus virtudes y miserias en conflicto. Y para completar la terna, identificaba la tragedia con la mirada cenital, desde la cátedra de los dioses, que empequeñece lo humano sometido a lo mortal e inexorable.

Es sólo una opinión personal que la mezcla antinatural de los tres géneros produce el esperpento. Nombre acuñado por don Ramón del Valle Inclán, aunque tomado por él en préstamo del habla popular que, aunque nadie sabe su significado cierto, creo que bien pudiera hacer referencia a la acción de serpentear de una cosa a otra y, como tal, de lo cómico a lo trágico pasando por la dramática realidad.

El episodio esperpéntico de esta semana ha sido cumbre, firmado por las creadoras de “hermana yo si te creo” o “solas y borrachas a casa”. Se estrenó el pasado lunes, ambientado en una mesa –o cuchipandi- redonda de fumadas descojonadas, organizada por un tal ministerio de igual-da.



El caso es que la jocosa tipa que hacía de Secretaria de Estado, va y dice, muerta de risa, entre otras aparatosas gilipolleces que la pena impuesta al asesino igual da, que no les importa a ella ni a la víctima puesto que ya la ha asesinado. Risas y aplausos ¡Extraordinario, ingenioso, espectacular!

Pero no crea el público que esta trama es original, pues es un plagio -cómo no- de los creadores de “los que ahora no matan, no existen” o de, “los que afirman que lo volverán a hacer, tampoco existen ya”.

Lógicamente, los autores genuinos de Moncloa se han enfadado, no por lo estrafalario, como han hecho ver, sino por copiarles y desgastar sus mejores argumentos.

Mas, vista la nueva entrega del “sí es sí de las niñas” hay muchos otros plagios.

Por ejemplo, qué diría don Leandro Fdez. de Moratín de esta Irene feministra que, como en su creación homónima, es ignorante, lenguaraz, exagerada y egoísta. O sin ir tan lejos, qué tendrán que decir los esforzados creadores de “sólo serán unos pocos casos” (de covid), cuando escuchan lo mismo para la rebaja de penas a violadores (van 185). Y qué objetará el creador de “hemos salvado miles de vidas” y “salimos más fuertes” cada vez que la Irene abre el pico con esas mismas para darse el pisto y preguntar qué parte del “sí” no habéis entendido a sus Nancys despatarradas.



Lo peor de todo esto es que el creador de “no es no” y “no pactaré” o “no dormiría tranquilo”, es presidente del gobierno de España y el mayor plagiario vivo de la escena política mundial, que mira con el rabillo a los creadores de la manipulación de votos y urnas: Junqueras, Puigdemón, Maduro, Castillo, Kirchner y Lula da Silva, entre otros y a cual más avezado miembro del club internacional de los creadores de comedia, dramas y tragedias. En suma, esperpentos, desolación, violencia y muerte.


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© Fernando Garrido, 2026 Ya desde los tiempos de godos, mozárabes, mudéjares y moros, afiladas lenguas hebreas comentaban que sería posible crear un bosque bien arbolado de leña seca, reuniendo en él todos los lignum crucis adquiridos por abades, obispos, nobles y reyes para el tesoro de cenobios, basílicas o palacios, y contemplar al mismo tiempo una babilónica rosaleda de espino rejuntando las reliquias de la spinea corona custodiadas en guardapelos a lo largo y ancho de la cristiandad. En aquellos lejanos siglos amorfos de exuberantes pestes, de morbos inexplicables, de terribles mitos y crímenes de lesa supervivencia, no existía inseguridad en nada, porque simple y llanamente no se sabía que era el estar seguro, así que la incertidumbre no formaba parte del ánimo antropológico, sino que constituía el sentimiento mismo, el estado básico, radical, inconsciente y reptiliano sobre el que se construían las conciencias empíricas y el espíritu moral elevado a inefable misterio trascendente. La naturaleza toda tenía un valor oculto, animado y sacro. Lo pequeño podía sustituir a lo enorme y vencer su resistencia, así como lo enorme troceado era igual y lo mismo que el todo y lo absoluto.
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