LA PÍCARA ANDALUZA

F. Garrido • 13 de mayo de 2026

LA PÍCARA ANDALUZA


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© Fernando Garrido, 13, V, 2026



Muchas veces no es fácil de saber cuánto le debe una persona a un personaje literario, o al contrario, porque la aparente ficción es sin embargo la absoluta realidad, mientras aquello que llamamos «real» queda encajado en mera literatura.

A esta reflexión he llegado con el recuerdo de dos afortunadas obras de nuestros Siglos de Oro. Dos piezas de género picaresco cuyos protagonistas son una mujer: la Lozana Andaluza y la Pícara Justina. Ambas fulanas no parecen ser sino acertadas epítomes narradas con antelación de nuestra contemporánea Marichusma Montero (la chiqui de Triana), aquella que dice haber sido la mujer más poderosa del Estado, y es verdad... Porque nunca peor ni mayor degradación apegada al poder como en la última década, ni tampoco de superación literaria, que mancilla por elevación ese tono nacional, trágico cómico y celestinesco, que tanto nos hizo reír un día convencidos de ser tan ingeniosa como inventada su naturaleza...

Pero Marichusma es mucho más que inspiración para varios volúmenes; como breve muestra lo que mi amiga Inés la relataba en el Congreso en marzo de 2023.

No obstante, debemos de agradecerla su última genial aportación al arte del eufemismo, porque para mí que viene a esclarecer, entre otras cuestiones, la mitología de la Guerra Civil, en la que se sustenta nuestro presente tan democrático...

Atención, porque lo diré esta vez y quede escrito para siempre:

Las cunetas españolas, osario y santuario del republicanismo beligerante, están llenas de accidentes laborales. 

No es broma, simplemente la deducción lógica que se desprende de la poderosa afirmación que Chusa evacuó a propósito de la circunstancia laboral, el pasado viernes, de Gerónimo y Germán, dos de nuestros mejores beneméritos que perseguían a una narco lancha en Huelva, pereciendo en ese acto de servicio a la nación.

Así pues, comprendido esto, habrá muchas cosas que deberán de cambiar desde ahora su interpretación nominal y conceptual. Por ejemplo, la Cruz de los Caídos de Cuelgamuros, como tantos otros recuerdos y megalitos guerracivilescos, habrá de pasar a ser considerada un gigantesco monumento a un accidente laboral mutitudinario.


Si este desvarío fuese útil al fin para la reconciliación, abierta en canal desde ZP, bienvenida sea la flexión aquí o allá, en Ucrania, Irán o Palestina, donde la luctuosidad laboral pueda arreglar con dos palabras el resultado trágico de conflictos bélicos.

Pero, volviendo a la literatura áurea, me temo que sea difícil de encontrar una mejor y tan adecuada autobiográfica descripción como la que nos regala Justina, la pícara. Son 273 palabras que merecen leerse. Dice, epistolarmente a Guzmán de Alfarache, su amado, que actualizado podría ser su Pedro:

«Yo, mi señor don Pícaro, soy la melindrosa escribana, la honrosa pelona, la manchega al uso, la engulle fisgas, la que contrafisgo, la fisguera, la festiva, la de aires bola, la mesonera astuta, la ojienjuta, la celeminera, la bailona, la espabila gordos, la del adufe, la del rebenque, la carretera, la entretenedora, la aldeana de las burlas, la del amapola, la escalfa fulleros, la adevinadora, la del penseque, la vergonzosa a lo nuevo, la del ermitaño, la encartadora, la despierta dormida, la trueca burras, la envergonzante, la romera pleitista, la del engaño meloso, la mirona, la de Bertol, la bizmadera, la esquilmona, la desfantasmadora, la desenojadora, la de los coritos, la deshermanada, la marquesa de las motas, la nieta pegadiza, la heredera inserta, la devota maridable, la busca roldanes, la ahidalgada, la alojada, la abortona, la bien celada, la del parlamento, la del mogollón, la amistadera, la santiguadera, la depositaria, la gitana, la palatina, la lloradora enjuta, la del pésame y río, la viuda con chirimías, la del tornero, la del deciplinante, la paseada, la enseña niñas, la maldice viejas, la del gato, la respostona, la desmayadiza, la dorada, la del novio en pelo, la honruda, la del persuadido novio, la contrasta celos, la conquista bolsas, la testamentaria, la estratagemera, la del serpentón, la del trasgo, la conjuradora, la mata viejos, la barqueada, la loca vengativa, la astorgana, la despachadora, la santiaguesa, la de Julián, la burgalesa, la salmantina, la ama salamanquesa, la papelista, la excusa barajas, la castañera, la novia de mi señor don Pícaro Guzmán de Alfarache, a quien ofrezco cabrahigar su picardía para que dure los años de mi deseo».


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