LAS VERDADES DEL TORERO
LAS VERDADES DEL TORERO
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© Fernando Garrido, 21, IV, 2026
Peores cornadas dan las hambres, le decía el torero herido al sacerdote en la enfermería de la plaza.
Más jodidas cornás te mete la gente que ese toro Clandestino que a borbotones, en un instante y apenas nada, de la arena me expulsaba.
Créame, páter, más astifinas tarascadas dan lidias en amores que las mortales guadañas de ese burel cinqueño, del que ya cuelga su cuero en gancho de desolladero.

Más traidoras estocadas hay en los ruedos de la vida, señor cura, que cuántas espadas se vean en lo alto de la cruz entre las agujas bien clavadas.
Nunca mejor ni peor tarde que hoy, si con mucha gloria marcho atravesando tan enorme puerta, con permiso de la divina autoridad y si el tiempo se me acaba.

Absuélvame con premura, pues noto que la bicha me araña la entraña y del pecho cien diablos me arrancan los machos. Deme su bendición delegada, que ya presiento cómo suben mi cuerpo unos ángeles a horcajadas y mi alma sobre pañuelos remonta en volandas, y quizás será allá arriba de los justos, setenta veces siete, ovacionada.
Dígale a los míos que Morante no sintió dolor ni miedo, sólo paz y luego nada.
Pero no hoy, no esta tarde, no estos sevillanos idus de abril y feria en la Maestranza; esperaré a un mañana eterno que será ese ayer, del torero la verdad en cualquier otra vida y plaza.











