CARAY LAS NUBES

F. Garrido • 8 de marzo de 2026

CARAY, LAS NUBES


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© Fernando Garrido, 8, III, 2026


Al parecer fue en Cádiz, en el siglo XIX, donde nace la cursilería de los diseños de un sastre de origen francés apellidado Sicourt. Personaje que al parecer tenía dos hijas, a las que vestía con tal afeite, artificio y pretenciosidad, que merecieron ser burlonamente celebradas en las coplas que cantaba de parranda la estudiantina gaditana. Así que, quizás con más seseos, ceceos y vinos de la cuenta, acabaron por entonar fonéticamente a las mocitas de Sicourt, como las «Cursis».

Hoy, hasta ese sastre decimonónico inventor de la cursilería hubiese quedado perplejo y humillado ante tamaño exceso verbal, venido de un mendaz Zapatero que, plagiando al de la Serna, dijo, «el mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo».

¡Caray con las nubes!, pues ya hemos oído decir de tantas formas soeces a la pasta en papel moneda..., que esta tan cursi será obligada a incluir en el diccionario de sinónimos de corruptelas. Pero, hay más petulantes acuñaciones de este Zapatero, tipo perspicaz donde los haya, que un día llegó a la inédita y sabia conclusión de que «los parados no son parados, sino personas que se han apuntado al paro». Magnífica aportación a la ciencia del silogismo. Tautológico y pueril argumento, seguramente tan «discutido y discutible» como su «concepto de nación», aunque esta esté en el planeta Tierra que ¡oh, revelación!, «no pertenece a nadie, salvo al viento», siendo «el único lugar del universo donde se puede leer un libro y se puede amar». Menos mal, porque aquí, en esta parte llamada Burgos, el viento suele ser tan avaricioso como el que arrastró a Santos, José Luis, Koldo y a las Marías Sarmiento.

Y, con tales agudezas ontológicas, es natural que al Zapatero se lo rifen como asesor en Oriente Medio, Asia o las Américas y no sólo, porque aquí, en su discutible patria, profetiza irrelevantes informes de salón oval u oral y cut, copy and paste a 70.000 nubes anuales, y otro tanto para sus hijas que, ya es casualidad, son celebradas en la Gotipedia del cursi estrafalario como ociosas meigas supervisoras de diseño, márquetin y comunicación, oteando nubes borrascosas entre gárgolas de cornisas y campanarios.

Pero, dejémosles, que nos seguirán dando tardes de gloriosos nublados y de aún más revelaciones metafísicas como que, «el infinito es el infinito» y «muy probablemente el universo es tan infinito, que no cabe en nuestra cabeza imaginarnos cómo es el infinito» y más allá. O sea, el Plus Ultra del fortunón que amasan los Rodríguez Zapatero, los Bono, los Sánchez Begóñez y demás filósofos de bolsillo asocialistados.

¡Madre mía! Y yo, estúpido de mí, tantos años perdiendo el tiempo con la Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant, sobre la mesilla...  




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