CRUCIFICAR EN DOMINGO

F. Garrido • 30 de marzo de 2026

CRUCIFICAR EN DOMINGO


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© Fernando Garrido, 30, III, 2026


El caso es que en Burgos, ayer, se estaba crucificando cuando este esforzado escribidor se inventaba un relato sobre su más original y venerado Cristo, con lo que aún prometía defraudar próximamente a todos cuantos alcanzasen a leerlo.

No obstante, había previsto acabarlo antes de Viernes Santo, para hacerlo coincidir con el luctuoso hecho que ocupa a la cristiandad en estas santas y pasionales fiestas. Pero nefasta y amarga fue mi sorpresa cuando me dijeron que el Cristo salía de casa (procesionaba) justo el domingo. Y no me lo pude de creer hasta que, como un santo Tomé, a las ocho posmeridiano me lo encontré escalinata abajo de la iglesia parroquial de San Gil Abad, dejando atrás esa su pintoresca y empinada sede.

Allí estaban todos luciendo palmito en solemne comitiva cofrade de elegantes penitentes o empapando la camiseta bajo el paso, con el Señor de las Gotas encima exudando sangre tan genial y ordenadamente que pareciese su torso tatuado de un rico paño con exacta geometría de punto de cruz, y nunca fuese mejor dicho.

El caso es que según tengo entendido —entre lo poco que entiendo—, que la cronología de la pasión y muerte es importante («sí que importa», titularía un columnista procaz).

Es decir, si al Nazareno montado en jumento lo hacemos la ola de pascuas, osanas y ramos por la mañana, no vale liquidarlo así tan de repente, a la tarde. Y ¡zas! nos perdemos destripando sin calma el resto de secuencias: la gran cena, lo del huerto, las treinta monedas de plata, el triple quiquiriquí y ese Pedro también tan cobarde traidor. Así como los demás caméos secundarios del reparto, tal que esos Caifás, Barrabás, Pilatos, la Verónica, el costalero Arimatea, el lancerote Longinos, y al ladrón Dimas y diretes junto al bueno de Gestas...

¡Santo Cristo, qué bárbara barrabasada! Apoteósica apostasía para no echar gota...

Así pues, lo que quería decir es que parece incluso herético pasear por Burgos a un crucificado tan apresurado en Domingo de Ramos. Qué urgencia hay, con todo un semanón por delante. Vaya ansia por asesinarlo primero y antes que nadie. Así que, no sé, mutatis mutandis, lo habremos de resucitar en Martes Santo, tercer y canónico día según quedó bien escrito.

Bueno, sólo es una idea para mayor INRI y extravagante heterodoxia cultual.

¡Señor, qué cariz!



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