DIGA 33 O HAGA EL 13-14
DIGA 33 O HAGA EL 13-14
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© Fernando Garrido, 16 de marzo de 2026
Cuando el medico pide a su paciente que, diga 33, la cifra no es una elección arbitraria, sino que precisamente al pronunciarlo las vibraciones consonánticas permiten discriminar muy bien los ruidos respiratorios: pitos, flautas y demás.
Ayer, en Castilla y en León, sonó ese guarismo a través de las gargantas de una mayoría, aunque ha sido a otros a quienes les ha salido la voz con un algo de carraspera. Pues para subir un solo peldaño, del 13 al 14, no hubiera hecho falta romper toda la cacharrería, sino quedarse, cuidar de ella y vigilarla.

Ir de enfants terribles cuando ya se ha llegado o debería de haberse alcanzado la madurez es, como mínimo, de idiotas e insensatos, máxime cuando la linde es tan urgente que acaba donde empieza el sanchismo.

Seguir por la senda del nunca acabar con el cuento del príncipe valiente contra la derechita cobarde es, además de una estupidez y desoír al votante, creerse un súper macho man con esa lápida de molino donde pone: «no dejes que la realidad te estropee un buen relato» o una historieta fantástica de héroes y villanos.

La realidad electoral hay que tomarla con la seriedad que merece el hecho de que existe una mayoría absoluta frente al verdadero mal. Porque la principal enfermedad de este país es que la mala gente, la peor, la más enferma y delictiva está reescribiéndonos el pasado, destrozándonos el presente y amenazando con arrebatarnos definitivamente cualquier futuro.
Caer en la del 13-14 es la broma tonta para aprendices de taller, a los que se les manda a buscar esa herramienta, una llave de tuerca inexistente, y por tanto inútil en ningún caso para arreglar nada por sí sola.

Por eso, sumarse al 33 para que no suenen más las Pedroflautas, es lo que toca, sin más espantadas de ansiedad ni estériles ataques hiperventilados de dignidad.
No hay otra, esto se ha de arreglar apretando y dejándose ajustar la tuerca con la llave adecuada, sin más bromas ni volver a decepcionar las expectativas de un electorado mayoritario, que no tiene ni quiere vendettas inútiles, sino un gobierno capaz y decente en una única dirección.











