EL HADA PROGRE
EL HADA PROGRE
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© Fernando Garrido, 28, II, 2026
No sé por qué, hoy me levanté algo procaz y me vino en mente el de la López que, a sus 58, es espectacular. Jennifer lo lleva a gala, es latina y lo que la natura le dio, con el fitness lo aumenta y modela; el pandero, quiero decir. Sin embargo, el de la Díaz, a sus 55, es pura vaina vacía de marisco galaico, como todo lo otro; Yolanda da poco más de sí que para ser la tonta insustancial de ahí mismo, y quedársele al aire esa parte sin recibir en ella siquiera una palmadita lujuriosa de los suyos, que ya es mérito según la tienen de larga, la mano.

A pesar, y gracias, aún es vicepresidenta del «gobierno de corrupción para rato», donde, entre planchados, cosmética y cirugía, toca en solitario sin partitura su pandereta roja de Prada. Ella, una pasionaria chic escindida a duras penas de su auténtico ser moreno jipioso sindicalista, trató de abrirnos la mente para que entendiésemos qué ella era el hada progre y feminista de la tabla de sumar en «su país» de las maravillas, donde ¡oh milagro!, contra todo pronóstico histórico, ella, el comunismo y el burka fashion representan los genuinos valores democráticos en la rabiosa actualidad.

Díaz, hay que reconocérselo, nos habló pueril, ex cátedra, del diálogo social unilateral desde su tribuna de Barrio Sésamo, interpretándose en el papel de Nancy rubia (de frasco), para explicar, antes que a nadie a sí misma, los conceptos básicos de orientación espacial en el patio de un parvulario de depravados, sito entre la Sodoma de Pablo, su mentor, y la Gomorra de Pedro, su amo, al que ella, desde su simpleza proverbial, podría hacer un último servicio a fin de desmentir la afección cardiaca que ahora le achacan los pseudomedios. Bastaría con que ella declarase solemne la verdad de lo padecido en sus carnes gallegas. O sea, que Pedro no está enfermo del corazón, que eso es imposible, porque, sencillamente, no lo posee... En esto, yo sí te creería, hermana Yoli, porque puestos a traicionar él sí te puede.

Ciao nena, tanta felonía lleves como desastres de tu trabajada estulticia dejas. Y, como canta la López, que el viento arrastre para siempre tus recuerdos (Qué Hiciste, 2007).










