MENOS VOX
MENOS VOX
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© Fernando Garrido, 26, II, 2026
No descubro nada a nadie si explico que «vox» es una voz latina que expresa «voz», un significado con escaso margen para el equívoco a no ser que se escriba con «b» de burro, en cuyo caso «box» será una voz inglesa que se traduce por «caja», un vocablo que castellanizado viene a referirse casi a lo mismo, pero más bien aplicado a un cubículo exclusivo para estabular a un caballo, o también ciertas cabinas reservadas a vehículos o personas.

Pero además, todos lo sabemos, en su formato latino, VOX, es el nombre de un partido político fundado allá en diciembre de 2013, como escisión del Partido Popular de M., ante su deriva complaciente con las leyes guerracivilistas de Zapatero y continuista de las políticas más comunistoides del PSOE.
Hoy, de los miembros precursores de aquella formación díscola fundada sobre valores liberales y conservadores, quedan pocos. La picadora interna del partido ha sido implacable en deshacerse de su capital humano. No voy a citarlos porque estarían todos los que fueron, pero no todos los que ya no están, algunos, por cierto, valores anónimos desechados antes de usar.

Un proceso fenoménico difícil de entender fuera del ámbito de la ficción de género legendario como aquella toledana jornada del foso, o el thriller policiaco de Agatha Christie, los diez negritos, o el drama surrealista psicológico de Buñuel, el ángel exterminador.

El último de los caídos, Javier Ortega Smith, nos remite al relato bíblico del génesis (4:1-16), concretamente al luctuoso episodio que dio lugar al término «cainita». Cada cual que saque conclusiones del cómo y porqué.

La realidad fundada sobre la ficción demoscópica variable parece ahora hinchar las velas de una cruzada donde, sin embargo, los oficiales y mejor tripulación van siendo arrojados al mar para aligerar la nave. Esto ya no es literatura sino algo que quizás pueda acabar como la histórica balsa de la fragata
Medusa.

Y se nos antoja que en esto existe algún parecido con el drama en curso del sanchismo: una monodia que no deja espacio para la imprescindible orquestación polifónica necesaria, si se quiere interpretar una auténtica y legítima sinfonía, cuya partitura es un programa de gobierno decente ejecutado por los mejores músicos en cada instrumento.
En cualquier caso, todo ello parece obedecer a una dinámica perversa por la cual más votos y más aplausos equivalen a menos voz. O sea, menos vox, en latín proverbial:
vox unius, vox nullius.










