NI DESIERTOS LEJANOS NI EN EL GURUGÚ
NI DESIERTOS LEJANOS NI EN EL GURUGÚ
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© Fernando Garrido, 22, VIII, 2026
Alguien dijo con indiscutible razón geométrica, rigor antropológico y exactitud demoscópica, que África no cabe en Europa. Tampoco, siquiera su cuerno, tiene cabida en España, excelso país donde hasta antes de ayer, 20 de agosto, los ciudadanos no gozaron de la liberación fiscal; es decir, el día en que Hacienda deja de expoliar el fruto de su trabajo. Siete meses y veinte días de esclavitud anual, nada menos, cuyo producto se pondrá al servicio y disfrute de todo ilegal que llega, viola fronteras, nos invade y ocupa ciudades.
Así, el negocio de la inmigración es redondo, circular y tan formidable que el gobierno lanzó una exitosa campaña publicitaria de llamada y declaración de amor para que vengan cuantos más mejor. En definitiva, una opa hostil a la UE, a fin de apoderarse el Estado español de los derechos sobre el gran tour de ilegales y falsos refugiados. Porque cada asaltante viene a justificar cientos o miles de millones de euros para cebar un entramado de franquicias gubernamentales, algunas paradójicamente llamadas oenegés, dedicadas a la extracción y especulación humanitaria; auténticas mafias que no están en desiertos lejanos ni en el monte Gurugú.

Creo que hemos de atenernos a esto: el gobierno no ama al inmigrante como dice, sólo es, en tanto que vulnerable, un instrumento para engrasar sus redes clientelísticas y las sociedades testaferro que se reparten a cuenta de ellos los bienes y rentas extraídas a las clases medias y trabajadoras autóctonas: padres de familia e hijos que ven paulatinamente mermados los servicios públicos y sus posibilidades en favor de extranjeros, a quienes están obligados a mantener con su enorme esfuerzo fiscal; hoy, de los mayores en Europa.

En lo tocante a la inmediata actualidad ceutí, el gobierno absentista y plañidero, está preparando el melodrama programático del secuestro multitudinario de menores, para empezar 500 niñas, que serán traídas a la Península sin preguntar siquiera ¿tú de quién eres?, y cobrar a la sociedad un rescate de estancia y manutención durante varios años a unos 6.000 euros de coste por cabeza y mes, que bien podrían cubrir los estudios universitarios y colegio mayor de los nuestros, para su completa formación.

Pero la especulación no queda ahí, el negocio sigue, ya que del inmigrante como del porcino (con perdón) todo lo aprovechan. De una parte como material estratégico para repoblar esta nueva nación de naciones, necesitada de tribus que aclamen al gran jefe y lo otorguen a futuro un sufragio de agradecimiento; de otro lado, las nuevas enfermedades o la reactivación de las ya erradicadas, el machismo, la violencia sexual, el yihadismo y la delincuencia que generan, son productos circulares que, bien envasados en su correspondiente relato, representan una gran oportunidad para acusar de odio, racismo o islamofobia a esa mayoría de españoles resistentes a la que han de combatir, sustituir y expulsar al otro lado del muro para que no estorben el suculento proyecto totalitario y plurinacional de supervivencia socialista.










