LA INTERNACIONAL INFLACIONARIA
LA INTERNACIONAL INFLACIONARIA
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© Fernando Garrido, 4, VIII, 2026
¿Dónde está la «internacional reaccionaria» ?, que me apunto ya.... Sabiendo a quienes incomoda, estoy tardando.
Pero, nos tememos que tal entelequia sólo resida en la perturbada mente de un cachondo o de un idiota. Más bien, creo, que pertenece a ese último, al idiota inflacionario, el más notable que vieron las pistas circenses de la diplomacia internacional, si no fuese porque para que allí le admitan a uno, como debe de ser, ha de superar una selección de talento, got talent, del que no goza ninguno de los del gobierno de España.
Así va, porque la colección del álbum de enanos nos crece a diario, del revés y a peor.

Aunque de entre los cromos de papanatas que encabezan cada ministerio, quizás sea el botones llamado Albares quien más se esfuerza —que ya es decir overbooking— por agradar a su chusma. Un ridículo personajillo, solemne hazmerreir de corrillos diplomáticos, Jaimito en cócteles de embajada, a veces confundido con el servil camarero de los canapés.

Bien mirado, qué curilla rural de tan rancio púlpito e hisopo apolillado se perdió —afortunadamente para ellos— la clerecía española. Aunque, por desgracia y su manifiesta estulticia, se nos vino a la política, que a día de hoy es el mayor recipiente de color marrón en el que se vierte todo desecho orgánico ideológico.
Pues eso es lo que tiene este país para representación exterior: un petimetre en once varas que siquiera sería acreedor, como castigo de consolación, a ponerlo un estanco de barrio.

Las declaraciones de Albares a propósito de la invasión marroquí son suficientes como para que se lo quede para siempre Mohamed —¡ójala! — el inspirador, al que adula y exime de culpa para endosársela a ese fantasma de su jaimitesca cosecha que ha llamado, «internacional reaccionaria europea», a la que pertenecerían todos los gobiernos que osan cuestionar a su amo, el de la internacional socialista-comunista, mangona e inflacionaria, antisemita e islámica.
Pero, ya puestos a hablar de mangutas, aún tengo una sospecha razonable: ¿qué hay de Bono?, ¿dónde está?, ¿qué guarda y quiénes lo visitan en sus palacios de Tánger?










