TRIBUNAL PARABELLUM
TRIBUNAL PARABELLUM *
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© Fernando Garrido, 15, VII, 2026
El tribunal de la verdadera verdad, presidido por el sujeto más trapacero que se haya visto en la política española (que ya es decir), había dictado antes de que fuese juzgado la inocencia universal de su hermanísimo, el músico más rapaz, absentista y olvidadizo de que dispone este país. Se avisaba, pues, que cualquier otro veredicto sería considerado por el gobierno en pleno un ataque y aberración antidemocrática.

Ahí están, en eso no mienten, situados al borde mismo del desacato, el desafuero y la sublevación a través de un tribunal paralelo y parabellum, chequista o revolucionario, instalado en el consejo de ministros y medios de comunicación públicos al servicio de un ejecutivo que se sitúa por encima y en contra del poder judicial.

Resulta desde luego cómico, pero muy inquietante, escucharles cuando proclaman campanudos su, colaboración total con la justicia y actuar con rapidez y contundencia contra la corrupción. Aún más desasosegante resulta cuando groseros advierten que, el tiempo pondrá las cosas en su sitio, o que la justicia ha de ser justa y que la verdad acabará imponiéndose; porque a buen entendedor significa la amenaza cierta de que, Pedro, considerándose el indiscutible legislador de la verdad, impondrá su dictado sobre toda sentencia que no siga su infalible determinación, fuera de la cual no existe justicia justa, sino un ataque a la democracia y un clamor popular que él, Begoña y nadie más deciden y encarnan, con la Fiscalía General y Abogacía del Estado en defensa de sus delincuentes, y el Tribunal Constitucional para los arreglos posteriores de exoneración al crimen organizado.

Esto que ayer y desde hace tiempo se escucha ante cada caso y escándalo, no es ni más ni menos que un golpe técnico de manual a la democracia, ya ensayado y verificado en regímenes pasados y presentes de infausto nombre. No hay que dejar de estar vigilantes y muy alerta porque, además de ser declarativamente delictivo, eso ya ha sido visto y oído en el Parlamento en boca del socialismo contra el estado de derecho. Sentencias como, «acataremos la democracia mientras nos sirva», «la democracia es incompatible con el socialismo y, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución»; «si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la constitución, tendremos que conquistarlo de otra manera»; «no creemos en la democracia como valor absoluto, tampoco creemos en la libertad».

Todas ellas son palabras pronunciadas por Largo Caballero, cuya sinceridad nunca ha sido póstumamente desmentida ni desautorizada por el PSOE, su partido, que sin vergüenza ni embargo lo ha puesto un monumento en Madrid. Un sujeto tan poseído de la verdad que para hacerla cierta fue capaz de llevar e instar a los suyos al crimen político y la violencia física, porque, «si triunfan las derechas (...), tendremos que ir a la guerra civil declarada, que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos».
De ello se ha de tomar buena nota, porque Sánchez lo lleva inscrito en rostro y, acuciado por la insoportable realidad, si lo dejan está a pocos trancos de rebasarlo.
*Parabellum es una locución latina que significa «prepárate para la guerra»










