¡CHÚPATE ESA, CATEDRESA!
¡CHÚPATE ESA, CATEDRESA!
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© Fernando Garrido, 22, VI, 2026
Qué escándalo, señores, cómo se atreve el juez Peinado a dudar de policías que protegen a sus escoltados, hasta que, vuelta y vuelta a la plancha por estos colmos y dádivas, los ayudan a fugarse después, cuando llega el momento en que han de rendir cuentas ante la justicia por delinquir.
Precedentes notables hay. No creo que sea necesario mencionarlos.
También la propia Gómez ha eludido o desacatado, ya en distintas ocasiones, requerimientos para presentarse ante el juez, incluso gozando de todo el boato y aparato policial que la proporciona el ser, ante la ley, distinta y por encima de sus iguales que la pagamos esa impresionante escolta pretoriana, el palacio, la cátedra, viajes e inmunidad diplomática para, eventualmente, trajinar valijas y efectos por medio mundo...

Aun así, no sabría decir si es una buena idea victimizar, privando de pasaporte con fuerza de ley, a la hija de Gómez, el proxeneta, y a la sazón esposa de su yerno el beneficiario colateral a título lucrativo.
No sé si será una concienzuda y estudiada estrategia procesal o un airado y torpe error de ¡chúpate esa, Catedresa!, por parte del juez al que han vilipendiado miserablemente y sin cuartel desde el bloque de la corrupción y sus sincronizadas serviles.

En cualquier caso celebro que, a la Gómez Pedro, la sean aplicadas cautelares acordes con los varios delitos que se la imputan. Medidas tal vez no muy distintas o manifiestamente menores a las que padece cualquier imputado, víctima de veras, por ejemplo, de denuncias falsas o de aceptar un par de trajes de sastrería.
Pero, la Pedro Gómez y el Begoño Sánchez, no están acusados ni impropia ni falsamente, sino de forma escrupulosamente garantista, fundada y documental, aunque aún escasa y no de todas las hazañas delictivas que vienen perpetrando desde ya mucho antes de cambiar cortinas y mudarse a mejor sauna.

La fuga es una opción muy real y un escenario no descartable para los grandes pudientes que se enfrentan a penas de prisión. Una placida huida, allá a paraísos donde gozar de sus fortunas opacas acumuladas y reivindicarse desde un estatus de héroes románticos en el exilio que, entre mojito y mojito, preparan la revolución cleptocrática que les quedó pendiente y negociar su amnistía para una vuelta triunfal a las andadas.
No es un mal plan, desde luego, para el que siempre contarán con complicidades uniformadas, que las hay, desleales a sus cuerpos y traidoras al estado de derecho.
Qué escándalo, verdad...











