PEGASO EL DE TROYA

F. Garrido • 31 de julio de 2026

PEGASO EL DE TROYA



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© Fernando Garrido, 31, VII, 2026


De momento, como resumen y colofón de estas dos últimas semanas podemos decir que, habitar en el presunto lado correcto de la historia que nunca cesa, ha supuesto que en España se calcinen decenas de miles de hectáreas y nos invadan un tropel enorme de moros.

Un lado tan correcto que, mientras se baten récords de recaudación (léase expolio fiscal) no existen medios suficientes ni eficaces de prevención ni extinción de incendios, así como tampoco bemoles diplomáticos ni fuerzas policiales o militares para repeler una infamante violación fronteriza.

Un lado correcto donde esta misma semana se ha indultado transaccionalmente a una giganta delincuente (corrupción por corrupción), y se castiga a los ciudadanos españoles con más anuncios de afrentas y saqueos.

Ese lado tan correcto al que Marruecos, junto y gracias a nuestros antiguos aliados americanos, viola y se mofa de sus fronteras soberanas, lanzando a miles de sus súbditos a pastar en nuestro lado del ya harto mermado bienestar.

Es posible que una de las razones del impune asalto invasor esté —de nuevo— en un teléfono presidencial y un caballo alado llamado Pegasus, que alternativamente sirve, como el de Troya ahora en Ceuta, a la gran ambición territorial de Mohamed sexta, la que yace de placer y vino colmada, junto a cariñosos efebos en sus palacios franceses y europeos. Pues, entre chantajes y extorsiones, proxenetas, furcias, menores y maricas, digámoslo así para que se entienda, anda el perfil fronterizo de la historia interior de aquí y de allá...

Pero, además, detrás de todo ello existe —ya lo sabemos, porque hay quien no tiene arrestos en expresarlo en alto— una deliberada voluntad estratégica e ideológica que persigue un silencioso y paulatino reemplazo poblacional que sume una considerable masa, servil y útil al propósito totalitario y de permanencia infinita para los socialismos que, en atrayente contraprestación, les regala derechos y otorga gratuitamente los medios de subsistencia vital que, por supuesto, costeamos los destinados a ser sustituidos, es decir, esas unidades extractivas que en realidad somos cada uno de los españoles con algún bien propio.

No es extraño, pues, tal y como vemos en las pantallas, que griten: ¡Viva Pedro Sánchez!, porque ellos están a eso de vivir a costa de la buena vida de la historia, en esta tierra prometida, el dorado que para el moro resulta ser la España del esposo de Begoña. Abucheado, en cambio, allá donde va, por los de aquí, hartos de soportar la gran fiesta y barra libre de la inmigración, además de otras tantas juergas y bacanales del sanchismo.

Por eso, es lógico, Pedro prefiere a los moritos y africanos que lo aclaman, resultando paradójica la coincidencia con ese su alter ego y pretendido antagonista, Franco, que empleaba de escolta a una fiel Guardia Mora, porque, decían algunos maledicentes, que el Caudillo no se fiaba de muchos otros de los suyos. Todo es posible en ese lado correcto o incorrecto, pero en algo parecido de la historia.

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