LOS 43 DE SÁNCHEZ
LOS 43 DE SÁNCHEZ
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© Fernando Garrido, 23, VI, 2026
Ayer Sánchez fue condenado por unanimidad del Tribunal Supremo a un total de 43 años de prisión: 24 de Ábalos y 19 de Koldo. Esta es sólo la primera sentencia para dos de los hombres que están por debajo de él en el escalafón de las tramas que lo apuntan como vértice y número uno.
Quedan alrededor de 80 más, o sea, el resto de causas e imputaciones por juzgar que afectan a elementos sanchistas, su círculo íntimo, su partido y su bloque de corrupción.

Las condenas han sido posibles gracias a la colaboración de un individuo que ha confesado los modus, los delitos y pertenecer a la organización criminal, siendo el número cuatro de esa particular trama de las mascarillas, cuya cúspide es Sánchez, el uno, y así lo manifestó solemne y sin titubeos ante el Tribunal Supremo.
Probablemente, a día de hoy, este arrepentido llamado Víctor Aldama sea el hombre más importante para la regeneración de un país arrasado de corrupción política e institucional. Su decisión de colaborar con la justicia lo convierten en el mayor peligro para los criminales y, por tanto, el hombre más odiado por el gobierno y quienes se benefician de él.

Aldama, después de la sentencia, ha hablado en el programa de Íker Jiménez, Horizonte, donde ha vuelto a repetir que hay mucho más y que Sánchez va a ir a la cárcel sí o también, con la misma rotundidad que ya lo hizo en otras ocasiones. Aldama es la bestia y la peor noticia para el Presidente porque todo lo que dijo hasta ahora ha sido cierto y se ha venido cumpliendo. Del mismo modo Zapatero, el bautista predecesor, dijo Aldama, tiene que estar muy, muy preocupado, porque no se va a librar, y tras de él irá arrastrada su falible Sánchidad, el capo de tutti cappi, responsable y beneficiario último de todo.

Por lo que ha expuesto y delatado cabe poca duda acerca del gran servicio que Aldama está prestando a España, tanto que el beneficio penal obtenido por ello se antoja incluso quizás poco.
No así lo ven las distintas brigadas participantes y colaboracionistas con las tramas sindicalizadas del crimen, fieles a la ley del silencio u omertad, que han puesto toda su iracunda máquina del odio a disparar sobre Víctor Aldama, señalándolo como chivato, soplón, pijo, mafioso y el corruptor culpable de toda corrupción.
Con ello, están admitiendo, sin querer, que es el único decente de entre todos, porque ha contado la verdad y ha aportado pruebas. Pues, machadianamente, «la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero»; y, añado, es bella en sí misma, aunque se refiera a hechos monstruosos.

Pero el dispensador de argumentos falaces ya no sabe que vomitar... Y ahora dicen las lumbreras sincrocorruptas que otorgar beneficios penales al corruptor por colaborar en el esclarecimiento de los crímenes es impropio, pues se está fomentando que el corruptor actúe, sabiendo de antemano que luego va, canta y es exonerado...
Entonces, les pregunto a esos bandidos y farsantes trotaplatós: ¿Dónde pone que ninguna otra parte puede acogerse al arrepentimiento?
Nos toman por tontos o qué. Efectivamente los hay: fanáticos dispuestos a tragar sapos con tal de que les regalen los oídos, aunque sea bajo la estrafalaria máxima conformista de, serán unos hijos de puta, sí, pero son nuestros hijos de puta. Y vive Dios que ellos y Pedro Sánchez lo son.

No se puede ser más caraduras. Así es, la corrupción sistémica no sólo afecta a políticos, sino del mismo modo a buena parte de la sociedad y, sobre todo, a periodistas, comunicadores o sabelotodo que abrevan en las fuentes de Moncloa. Ya va siendo hora de que aparezca alguno decente que, arrepentido, denuncie cómo los corrompe el sanchismo. Corran al juzgado de guardia, benefíciense, porque tal vez pronto empiecen a caer algunos de ese gremio que tanto daño, por acción u omisión delictivamente cómplice, están haciendo a nuestra democracia liberal.
Salud, sombra y beban mucha agua.










