JAMÁS JAMÉ JAMÓN
JAMÁS JAMÉ JAMÓN
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© Fernando Garrido, 2, VII, 2026
Desde su aparición en el siglo XIX, el socialismo, llámese después comunismo, fascismo, progresismo o como quieran decirlo en cada época y lugar, tuvo para desgracia humana en la ingeniería social una de las herramientas más poderosas para alcanzar sus metas totalitarias de poder.
La ingeniería poblacional es una de las patas de esa planificación social, que a tal fin se concreta en la paulatina sustitución de la población autóctona o no adepta a sus principios ni fenotipo mental, por gentes foráneas o exóticas en estadios civilizatorios o de desarrollo inferiores y de suma pobreza que puedan servir a sus propósitos. Es decir, engrosar y conformar una gran masa necesitada, ciega y crédula a quien triturar el cerebro y prometer su falso paraíso.

Porque no debemos de olvidar que el presupuesto mesiánico e ideológico de los socialismos se funda en una lógica científica perversa, el materialismo histórico, que profetiza el agotamiento y colapso del capitalismo y, por tanto, de la democracia liberal, para el advenimiento inexorable de su dictadura proletaria, que ahora llaman de muchas otras formas para esconder la realidad de ese algo que, en teoría, habría de llegar de manera natural por extenuación material del sistema, según está escrito en los manifiestos, tratados y manuales desde Marx en adelante.

Pero, como pasados los días, los años y los siglos eso no ha sucedido, sino al contrario, se han mejorado exponencialmente las condiciones de la vida en aquellos estados verdaderamente democráticos, liberales y capitalistas, fuerzan a sus sibilas y meretrices para que violenten la realidad y se reescriba atendiendo a sus deseos puestos en boca de un pueblo masa del que se arrogan ser únicos portavoces. Una muestra es lo que a menudo llaman clamor social en defensa de Begoña o de un fiscal general o de cualquiera de sus mil galeotes empoderados...

Un ejemplo en marcha de ingeniería poblacional a medio plazo es la regulación masiva de ilegales, principalmente musulmanes y africanos. Otro mucho más urgente e inmediato es la importación de electores de las Américas que, a miles de kilómetros y sin moverse de casa, suplan y corrijan la tozuda estadística demoscópica, clara y mayoritariamente hostil al bloque de corrupción gubernamental y parlamentario.

La Ley de Nietos contemplada dentro de la Ley de Memoria Democrática elaborada por Bildu y desarrollada posteriormente mediante una instrucción interesada entre sombras..., pretende un determinado efecto electoral a pocos meses vista, porque alrededor de dos millones de extranjeros, supuestas víctimas sentimentales en tercera o cuarta generación de no se sabe qué, de quién, ni dónde, sin haber pisado suelo patrio ni contribuido con su esfuerzo personal ni impositivo al sostenimiento de nuestra nación, decidirán en buena medida el futuro de España sin conocer su realidad y, sobre todo, sin padecer las políticas que hoy o en el futuro se apliquen apoyadas por sus votos. Es decir, cabe la posibilidad real de que esos sufragios alteren la soberanía y el mandato de una mayoría paciente que con un enorme esfuerzo fiscal sostenemos el tinglado que actualmente está sometiendo a un gigantesco estrés las instituciones.

Esto lo hace reflexionar a uno si merece la pena seguir dejándose extraer los higadillos aquí o pirarse, cuando cualquiera de fuera puede tenerlo todo sin dar ni haber dado nunca nada, mientras nos convierten en obligados parias socialistas, o sea, tener muy poco y darlo todo. Un dogma que, para Zapatero, Bono o Sánchez, los pata negra de cinco jotas, consiste en tener muy poca vergüenza y moralidad ninguna, pero darlo todo por llevárselo crudo y, sin embargo negarlo, como la monja de Jaén, ante cualquier pillada e imputación con la solemne jaculatoria: yo nunca jamás jamé jamón y jamás lo jamaré. ¡Dios, qué de jostias les daba!











