EL TÓPICO DE CÁNCER
EL TÓPICO DE CÁNCER
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© Fernando Garrido, 9, VII, 2026
Si ahora afirmo que el gobierno es un cáncer para todos, no pretendo que el zodiaco de varios millones de ciudadanos sea culpable del extenso vertedero sanchista. Tampoco que la constelación de ese nombre, ni que el paralelo situado a 23° 27' de latitud norte, ejerzan ninguna influencia sobre los granujas absentistas que madrugan al resto de trabajadores buena parte de los recursos disponibles para los casos reales de necesidad; ni que aquellos bribones estén afectados de tal patología, sino que metafóricamente, según señaló Hölderlin, para cualquiera que habite poéticamente este planeta, entienda que cada vez hay más caraduras por metro cuadrado viviendo a costa de otros.

Pero, el wokismo hispano ha determinado que esa palabra íntegramente latina deba de ser tabú porque, si la expresa Feijoo, ataca ferozmente a los principios básicos del movimiento irracional socialista que, fundado en la inefable infinitud de lo público, parasita en lo privado para hacer crecer sus cuentas y cuentos.
Sin embargo, traspasando esa imaginaria línea geográfica donde los rayos del astro rey llamado Pedro, inciden verticalmente al mediodía en Soto del Real y Alcalá Meco, el gobierno ha lanzado su presuntuosa marca de ropa, perpetrando, con escarnio al buen estilismo patrio, su último golpe de cursilería propagandística contra la democracia.

La marca se intitula precisamente, DMOCRACIA, y quiere ser el nuevo invento que, sin la «e» de España, encandile a una juventud harto desafecta hacia un régimen que les repele, les trata de idiotas y pretende vestirlos de progres con la línea más hortera que háyase visto desde que el chándal hiciera su fortuna como prenda de vestir, fuera del ámbito deportivo, para ser adoptado como cliché de macarras de bolera, sus canis de verdulería, y fiel trasunto de quinquis o yoncarras callejeros.

La firma de pegada, DMOCRACIA, es el último alarido perruno del mal gusto y peor estilo, que logra superar con empalago a las mangas cortas estampadas de Risto Mejide, o a las casposas pashminas palestinas al cuello del crustáceo sindicalista Pepe Álvarez, o al torpe aliño indumentario de las orondas nepobabies ZP.

Menos mal que este nuevo descojone pacotillero de corta y confecciona prêt-à-porter, queda en mero quiste publicitario, para lo cual se han gastado cientos de miles de euros que podrían haberse destinado a investigación para combatir de veras el cáncer, no al trópico ni al horóscopo, tampoco al gallego que se cierne en tópicas retóricas, sino a la enfermedad tumoral caracterizada por una transformación de las células que proliferan de manera anormal e incontrolada, lo mismo que aquellos sujetos, moralmente enfermos y funcionalmente haraganes, que se comen y destruyen el organismo trabajador y socialmente sano.
Pero en la realidad estratégica, hoy todo produce algún cáncer, porque cada miedo arroja más corrupción encubierta sobre mayores impuestos.










