MAYONESA CLÁSICA

F. Garrido • 31 de mayo de 2026

MAYONESA CLÁSICA

Relato con colores de temporada




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© Fernando Garrido, 2026


Hoy se agotó la mayonesa del tarro de cristal que olvidé en su casa. Fui a buscarlo la tarde siguiente y desde entonces no he vuelto más.

Acta est fabula (1).

Un frasco de marca blanca que compré en el súper de al lado, al precio que tan sólo hace unos meses costaba el otro que lleva una célebre etiqueta. No sé qué diablos ha pasado. Cuentan que son las guerras, el clima, la caducidad infinita del universo y el desamor de los dioses ajenos.

Ad praesens ova cras pullis sunt meliora (2).

Un tarro de vidrio vestido por dentro de un blanco cloud dáncer, pantone número 11 4201, roto, sereno, versátil..., asimilado como rabiosa tendencia actual de temporada.

Es igual, en realidad no noto esa sutil gradación, ni diferencia cromática alguna. Tengo torpe paladar y una gran disfunción daltónica para la credulidad.

De gustibus et colon bus non est disputandum (3).

Recuerdo que las de las siete de la tarde serían.

Beatus ille (4).

Toqué el pulsador, traspasé el portal, tomé el ascensor. La puerta del piso ya estaba abierta y accedí al salón atravesando el largo pasillo. La mayonesa de marca blanca también estaba allí, sobre la mesa auxiliar de caoba, tal como la dejé, en la bolsa de plástico reciclable de a quince céntimos unidad.

Ars longa, vita brevis (5).

Inusualmente la visita fue corta, apenas media esfera de aguja larga en mi Longines de pulsera, quizás menos. Me hubiese quedado una, dos, tres horas o tal vez más, incluso esperando un amanecer.

Sic transit gloria mundi (6).

Y como de costumbre hubiésemos conversado de lo mismo que solemos, con escasas novedades, porque afortunadamente la vida, las guerras, los colores, las nubes y los precios seguían igual de hostiles 24 horas después de que yo marchase olvidando la bolsa con el tarro marca blanca de mayonesa.

Malum quidem nullum esse sine aliquo bono (7).

Sin embargo, esa tarde no sucedió algo indistinto, aunque inopinadamente resultó concluyente y fatal. Nada parecía anunciárnoslo, pero lo que a continuación iba a suceder tenía un nexo recurrente e irrenunciable con el tractac del diapasón que marcaba el monótono ritmo de nuestra particular melodía desde el inicio de los tiempos.

Alea iacta est (8).

Sí, ya lo creo, aquellas fueron tuertas palabras encadenadas en sintagmas repelentes al incesante curso del mundo.

Dum excusare credis, accusas (9).

Un eslabón más, el último tal vez, desencadenado de todas esas situaciones incómodas, desconsideradas, en apariencia irrelevantes, aunque en cada momento fuesen objeto de alguna que otra tensión, de intermitentes desasosiegos, de miradas inquietantes, de actitudes desafectas y de cierto malestar estomacal.

De parvis grandis acervus erit (10).

Airado agarré la bolsa, crucé la puerta y marché.

Veni, vidi, vici (11).

Ahora, en la cocina de casa, el cubierto de acero níquel rebaña el fondo de ese frasco de cristal exhausto, agotado.

Abusus non tollit usum (12).

Y oigo ensimismado en el silencio cómo la cucharilla tintina afanosa contra el vidrio llevada de mi diestra autómata, empeñada en rescatar para la ensaladilla hasta la última lágrima de la mayonesa de marca blanca que, no hace tanto, había olvidado en una mesa auxiliar color caoba, dentro de una bolsa de quince céntimos, al lado del viejo y confortable sofá tapizado en bermellón.

Finis coronat opus (13).

Un sofá fatigado de ausencias y comparecencias, donde aún permanecía desprendido y apenas visible alguno de mis cabellos.

Etiam capillus unus habet umbram (14).

Tapicería de chenilla en que duermen diminutos restos de esas vísperas de mucho o de nada, que el aspirador eléctrico succionará y recogerá en un saquito de papel kraft junto a otras partículas ya caducas e inertes que los aires y el tiempo posaron allí involuntariamente sin apenas gloria, pero que en paz reposarán para siempre en algún remoto rincón de nuestros irreversibles y divergentes universos.

Amicitiae nostrae memoriam spero sempiternam fore (15).

Ahora, el frasco transparente y vacío de mayonesa, me transmitía un estado de ánimo elevado y placentero, sólo embargado transitoriamente por la lectura de los iconos en su etiqueta, que apelaban insolentes a la conciencia multiversal del reciclaje con destino a otros usos fatigosos e inverosímiles. Pero lo arrojé rebelde, satisfecho y sin contemplaciones a la basura junto al ecléctico cúmulo de desperdicios comunes, sin sentirme culpable ni colaborador de todas aquellas causas ajenas en las que aquel estúpido tarro de marca blanca parecía querer involucrarme.

Dicere quae puduit, scribere iussit amor (16).


Corolario latino

  1. La función ha terminado.
  2. Los huevos de hoy son mejores que los pollos del mañana.
  3. Sobre gustos y colores no cabe disputa.
  4. Qué tiempo dichoso.
  5. El arte es largo, la vida breve.
  6. Así suceden las cosas.
  7. No hay ningún mal sin algo bueno.
  8. La suerte está echada.
  9. Crees que te estás excusando, pero te acusas.
  10. De pequeñas cosas están hechas las grandes.
  11. Llegué, vi y vencí.
  12. El abu­so no anula el uso.
  13. El fin corona la obra.
  14. Hasta el cabello más fino tiene su sombra.
  15. Que los buenos recuerdos de nuestra amistad sean eternos.
  16. Lo que me producía pudor, me mandó el amor que lo escribiese.


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