LA LEONERA
LA LEONERA
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© Fernando Garrido, 9, VI, 2026
Qué otra cosa cabe esperar de un Papa, sino el que recite todas esas cosas que vio y dijo Dios que eran buenas, a pesar de que la naturaleza humana es la que es y difícilmente coincide con la perfección del alma, ni tampoco la de su Santidad.
Para los que sin ser píos creemos en la Iglesia católica como institución, resulta difícil e incómodo perseverar en ello cuando sus prebostes replican los barruntos ideológicos de quienes la atacan siempre o casi siempre: a la Iglesia y a la Humanidad.

Para mí que un Papa en un parlamento no queda nada bien, sino como un cacharro en la elefantería.
Acabáramos entonces, pues los recalcitrantes aparatos propagandísticos se activaron para difundir que el Papa ha venido a España para combatir a las derechas y tal cual.
Me temo que en cierto modo sea así, a juzgar por los resabios que tanto han agradado a la caterva de ateos, exhibicionistas profanadoras de capillas y a sus maromos fusila cristos, que han salido a piarle en alabanzas por defenderles su suculento negociado de la sustitución... Y otros, que van más de santurrones, se han sometido a la prueba del aplausómetro para ver qué bancada queda ante la opinión como más papista que la otra, demostrando no ser los concernidos en las más espinosas reprimendas.

Una de esas asperezas iba de inmigración ilegal, y el Santo Padre se ha puesto la sotana populista, es decir, predicar soluciones simples a problemas complejos. Algo así como lo que sigue:
Pecado: hay mucha pobreza en el mundo subdesarrollado.
Enmienda: abran las fronteras y que los menesterosos vengan a los países desarrollados.
Penitencia: barra libre y paguen de su bolsillo, cueste lo que cueste.
El perdón y la gracia plena: un mundo rico, feliz y perfecto.

Ya está. Gracias, Santidad, por resolverlo tan fácil. Pero eche cuentas porque aquí muchísimas familias no llegan a fin de mes, pues el amaestrado minotauro fiscal de sus señorías, palmeros suyos, les devora ya más de dos tercios de sus haciendas, y el «horror en el supermercado» ha pasado de ser una movida canción a convertirse en la terrorífica realidad de una hiperinflación incesante, por no hablar de la vivienda, la energía, la inseguridad, la delincuencia importada o el sometimiento de las hembras...
No seré tan miserable de pedirle ejemplaridad y que nos empadrone en su estado ciudad del Vaticano como reserva espiritual. Probablemente, las 44 hectáreas en que se concentran las mayores riquezas por metro cuadrado del planeta y donde no hay un piso disponible, aunque sí palacios vacíos.
No, no se lo diré, porque se lo espetarán en facha los que hoy su santidad agrada y selecciona de figurantes chic para acompañarlo en la casita papal, la leonera, durante sus actuaciones.

No sé quién habrá diseñado la gira, pero sus presencias y ausencias son elocuentes. Y me pregunto, porqué estando de vueltas y revueltas por Madrid, a tiro de piedra de Toledo, descartaron una visita a la vieja ciudad, precisamente el año que se conmemora el octavo centenario de su catedral, sede primada, conciliar y fundacional del catolicismo pan hispano, allá en el siglo séptimo en tiempos de Recaredo, nada menos. Qué sucede ahora, que no la crean ni un cardenal a la antigua ciudad, donde aún se celebra el rito antiguo hispano mozárabe, símbolo histórico inmaterial, cultual y arqueológico de la resistencia y permanencia de la fe cristiana durante casi cuatrocientos años (711-1085) en una sociedad hostil, dominada e islamizada por un poder invasor exótico que hoy quiere recuperarlo con sus vientres preñados, muy bien pagados, mejor y primero que cualquiera de los propios. Por eso, si no hay prioridad para los de aquí, a dos generaciones tardar, previsiblemente la tournée apostólica la hará un colega sinodal y ayatolá califal.










