TIRAR DE LA CADENA

F. Garrido • 5 de junio de 2026

TIRAR DE LA CADENA


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© Fernando Garrido, 5, VI, 2026


Con toda su mierda sobre la mesa, Sánchez a estas horas estará viendo la manera de tirar de la cadena y dar su golpe de limpieza resistente definitivo. No le queda otra, su tiempo se ha acabado. Todos sus socios también lo saben. Están ganándole tiempo, mareando la perdiz, a la espera de saber cómo se las maravillará el autócrata lapa para seguir siéndolo, y ellos con él.

Eso necesariamente consiste en romperlo todo a calzón quitado. Jugárselo al todo o nada, incluido preparar un maletero con chófer a la puerta de Moncloa, para salir echando hostias si la cosa no sale. La fuga sería un mal menor, incluso para su partido y aliados que podrán considerarlo, en el futuro, símbolo de la democracia y legítimo presidente que clama en el exilio. Esto nos suena, ¿verdad? Exacto..., tendríamos a un narciso forajido prófugo dando por sacos de gira por esa Europa que siempre ampara a golpistas y criminales.

Esto que vemos ahora destapado, no es sólo corrupción, como puede parecer, son actos criminales de guerra. Guerra sucia contra el Estado, contra sus instituciones. Por tanto, estamos ante un golpe que, si bien lleva en marcha de hace tiempo, ahora tiene que hacerse explícito para triunfar total y definitivamente. Eso necesita del concurso de sus aliados y mucha, mucha imaginación sin escrúpulos para el mal, que desde luego no les falta.

Por ejemplo: un auto atentado. Un magnicidio organizado por Pedro contra Sánchez, del que sale ileso de extraño milagro, aunque mueren muchas personas a su alrededor.

Previamente se habrá sembrado el escenario de pruebas y pistas falsas que apuntan claramente a un complot de derecha y ultraderecha.

Inmediatamente sale la sincronizada mediática en tromba a difundirlo, creando y fomentando un clima de odio e indignación para que los más fanáticos y adeptos, convenientemente equipados y organizados, armen el lio...

Convocan manifestaciones espontáneas, se montan algaradas violentas y barricadas en todos los puntos claves del país, y son atacadas las sedes de la oposición; se extienden el caos y la guerra borroka callejera de fascistas contra antifascistas intercambiables; Se perpetran saqueos, asaltos, robos y asesinatos a manos de activistas, inmigrantes y delincuencia común.

Se reúne el gobierno de emergencia, y el presidente comparece solemnemente ante la nación con tiritas estratégicamente colocadas en su rostro para reforzar, ante la opinión pública, nacional e internacional, su condición de objetivo y víctima de las fuerzas del mal antidemocráticas.

Pronuncia, como héroe y superviviente, un discurso en el que comunica que, ante las gravísimas circunstancias desencadenadas tras el ataque hacia su persona y gobierno, se ve obligado por el bien de los españoles y españolas a decretar el estado de guerra, sitio, alarma y excepción al mismo tiempo, asumiendo la jefatura del estado con plenos poderes, que durará discrecionalmente lo que tenga que durar. Mientras tanto, queda suspendido el parlamento, se activa la ley marcial y todo pasa a ser controlado sin límite por la presidencia.

Detienen a los cuatro pelanas autores del atentado, que la cloaca ha convencido y engañado a cambio de dinero, indultos y amnistía cuando tal vez sean juzgados.

Así, según el pacto, confiesan que son parte de una conspiración golpista que pretendía asesinar al presidente y derribar la democracia. Dirán que se trata de una conspiración integrada por tales y cuales jueces, policías, militares, políticos, intelectuales y periodistas desafectos.

Los depuran a todos ellos y declaran ilegales a los partidos de oposición al sanchísmo y, sin ellos, se constituye y abre por la vía rápida un nuevo parlamento con mandato constituyente, bajo la premisa de un urgente y necesario cambio de régimen y legalidad para defender a la democracia de las fuerzas fascistas conspiradoras.

Se redacta una constitución ad hoc, que deroga la Carta precedente y liquida la monarquía constitucional, para instaurar un régimen de paz plurinacional de repúblicas independientes, en que las castas, bandas y organizaciones criminales participantes, se reparten el territorio y sus recursos.

El mapa de Expaña podría quedar descuartizado y vendido de este modo: Galicia para las Mareas; Cantabria y Asturias para la Falange de Revilla; Vascongadas para Bildu; Navarra y Rioja para el PNV; Aragón para ERC, Cataluña y Baleares para JUNTS; Valencia y Murcia para Compromís; Ceuta, Melilla y Canarias para Marruecos; Andalucía para una coalición islámica andalucista; Extremadura para los de Teruel y Soria existen; León torna a ser reino gotorum para una nueva dinastía, la dinastía de los ZP; Castilla la Vieja para la derechita católica socialdemócrata; La otra Castilla desaparece para subsumirse en un lugar de la Mancha, cortijo del conde Mor-didas, José Bono; Y Madrid queda toda para Sánchez Begóñez, desde donde cogobernará las nuevas repúblicas nación, con derecho a mojar en cada plato y con rango de presidente vitalicio, además de la consideración y título de honorable padre de las patrias confederadas, artífice de la paz universal.

Y colorín colorado, muy, muy colorado, el golpe habrá triunfado.

Resumidamente, es una posibilidad. Hay también otras formas de tirar de la cadena para escapar de una condena, y no menos inquietantes, pero quisiera equivocarme...


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