ROMPER LOS VERSOS

25 de noviembre de 2022

ROMPER VERSOS

25, XI, 2022

De nombre Gonzalo y apellidos Pulido Castro, sin más biografía que unos versos escritos no se sabe dónde ni tampoco cuándo. Sólo y nada menos un poema grande que excusa aquí y ahora que hoy no escriba nada. Ni versos ni prosas de indignación y rabia.

Escuchemos este viernes negro a Pulido Castro, de nombre don Gonzalo:


Hay que romper los versos más hermosos, esos versos con flores y nostalgias, los que nos llenan de emoción el pecho, los que perfuman de tristeza el alma. Hay que quebrar los versos favoritos y hacer con ellos armas para España; cuatro puñales cada seguidilla y de cada endecasílabo, una espada. Tiempo habrá de cantar cuando amanezca, el guerrero vuelva a su cabaña, en los jardines crezcan los rosales y en los Cielos reine la esperanza. Pero ahora que es noche, negra noche y el enemigo entre sombras avanza, hay que cerrar las filas desunidas y renunciar a todo por la Patria. El verso que se muera entre mis labios, otro poeta lo dirá mañana, pero no habrá perdón para nosotros, si por cobardes se nos muere España.



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© Fernando Garrido, 2026 Ya desde los tiempos de godos, mozárabes, mudéjares y moros, afiladas lenguas hebreas comentaban que sería posible crear un bosque bien arbolado de leña seca, reuniendo en él todos los lignum crucis adquiridos por abades, obispos, nobles y reyes para el tesoro de cenobios, basílicas o palacios, y contemplar al mismo tiempo una babilónica rosaleda de espino rejuntando las reliquias de la spinea corona custodiadas en guardapelos a lo largo y ancho de la cristiandad. En aquellos lejanos siglos amorfos de exuberantes pestes, de morbos inexplicables, de terribles mitos y crímenes de lesa supervivencia, no existía inseguridad en nada, porque simple y llanamente no se sabía que era el estar seguro, así que la incertidumbre no formaba parte del ánimo antropológico, sino que constituía el sentimiento mismo, el estado básico, radical, inconsciente y reptiliano sobre el que se construían las conciencias empíricas y el espíritu moral elevado a inefable misterio trascendente. La naturaleza toda tenía un valor oculto, animado y sacro. Lo pequeño podía sustituir a lo enorme y vencer su resistencia, así como lo enorme troceado era igual y lo mismo que el todo y lo absoluto.
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