DECÍAN LOS VIEJOS

F. Garrido • 21 de marzo de 2024

DECÍAN LOS VIEJOS


© Fernando Garrido, 21, III, 2024


“Dicen los viejos que en este país hubo una guerra, que hay dos Españas que guardan aún el rencor de viejas deudas”.

Era el año 1976 cuando se escuchaba esta canción que, sin ser el hit del verano, se tarareaba por todas partes, porque aquel tema del onubense grupo “Jarcha” narraba y transmitía ilusión acerca de lo que estaba sucediendo o a punto de suceder, expresando el deseo de libertad de la mayoría ante la oportunidad histórica de ponerse de acuerdo para iniciar un tiempo nuevo.


Así fue. Voluntariamente, el viejo régimen se auto liquidó mediante un referéndum para la reforma política e iniciar unas cortes constituyentes.

Con un “sí” mayoritario llegó la constitución democrática y con ella el punto final al periodo anterior.

Sin miedo y sin ira, mediante el consenso de todas las fuerzas políticas, hubo una amnistía general para cerrar capitulo y mirar al futuro.



Sólo una pequeña parte de recalcitrantes nostálgicos adictos a luchas utópicas, nacionalismos separatistas y otros mitos diversos continuaron en las trincheras, constituidos en partidos políticos desleales y bandas armadas, en connivencia, y a veces con el patrocinio de potencias extranjeras, que siguieron la senda del odio y la violencia como instrumentos para alcanzar viejos objetivos políticos, subversivos e ilegítimos, contra una Constitución aceptada por inmensa mayoría y que tanto se había forzado para darles cabida. De ahí el error.



Lamentablemente, con el tiempo, aquellas anacrónicas barricadas guerracivilistas se han ido ensanchado para acoger en su seno a partidos que, sin embargo, suscribieron la Constitución y participaron en ella, así como de las ventajas que la les brindaba. Especialmente el PSOE, partido que ha gobernado durante al menos tres décadas y es máximo responsable y artífice de la reedición del frentismo y de construir –como en el primer tercio del pasado siglo- espeluznantes muros maniqueos entre españoles y propagado el cainismo y educado a las nuevas generaciones en el alucinógeno rencor de viejas deudas que, aunque saldadas hace 50 años, han sido vueltas a poner a cobro como medio para obtener pingues dividendos, ocultar delitos y corruptelas, y permanecer, a la vez que justificarse para siempre en el poder.

Ha transcurrido casi medio siglo de aquel célebre “libertad sin ira”.



Hoy, aquellos viejos que refería la canción desaparecieron; ya no están para recitar que este “país necesita palo largo y mano dura, para evitar lo peor (…), que no se nos dé rienda suelta, que todos aquí llevamos la violencia a flor de piel”.

Por el contrario, aquellos ardorosos jóvenes que les replicaban “solo haber visto gente que sufre y calla, dolor y miedo, que solo desea su pan, su hembra y la fiesta en paz, (…) gente muy obediente, hasta en la cama, que tan solo pide vivir su vida, sin más mentiras y en paz”, son precisamente quienes, hoy viejos desmemoriados o maduros dementes con sus cachorros, nos aplican el palo largo y mano dura contra nuestra soberanía y libertad; niegan la vida, prohíben el pan, las relaciones varón-hembra, propagan la ira, el odio, la mentira y nos empujan al enfrentamiento. Eso sí, nos quieren obedientes.



Son el gobierno del muro, que redacta leyes infames de falsa memoria, privilegios territoriales y de clase, junto a una auto amnistía que no cabe en un estado de derecho garantista, como el nuestro, sin pervertir las leyes democráticas y la separación de poderes que aseguraban hasta ahora el orden, la convivencia, la igualdad y la libertad de todos.

El panorama es terrible comparado con aquellos años del tardofranquismo, pues el régimen caminaba hacia la apertura democrática y ahora progresa sin frenos hacia su cierre en una verdadera dictadura.

¡Vergüenza, vergüenza, vergüenza ¡




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