EN UN PAÍS MARAVILLOSO
EN UN PAÍS MARAVILLOSO
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© Fernando Garrido, 4, II, 2026
España es un país maravilloso, donde un contrato de alquiler puede ser el ticket de un kebab con bebida a domicilio ajeno. Para que luego, tan ingratos, nos quejemos de que existe una hipertrofia burocrática, normativa y fiscal, con lo sencillo que nos ponen el adquirir de hecho y pleno derecho una queli...

Pero las ventajas no quedan sólo ahí pues, si incauto de ti, firmaste un acuerdo de arrendamiento con el propietario buitre de una vivienda, se puede considerar como escribir manzanas en la lista de la compra, las puedes echar en la cesta o no, dependerá de la voluntad del inquilino firmante el cumplir las cláusulas, sobre todo la fundamental, esto es, el pago de la renta pactada.

¿No lo dije?, soy un cándido volteriano en un país maravilloso, si no fuese porque las carreteras están de pena y los trenes también matan. No nos alarmemos, cada país tiene su cruz. El nuestro, lleva a cuestas la herencia recibida desde Argantonio, los Reyes Católicos, Franco, Aznar y después Rajoy que, según el sápiens y sin embargo actual ministro violetera del ramo, son culpables de las deficiencias en el mantenimiento y renovación de la red viaria.

Pero, además, sumado a esto, está el cambio climático facha, que nos ataca sin miramiento, porque en verano hace calor y en invierno llega el frio, llueve y a veces nieva. Así, con tanta anomalía, es imposible de gobernar los transportes, porque no son un arca de Noé, ya lo creo. Ni siquiera habiendo sobrepasado el record de recaudación (léase expolio) fiscal, se puede hacer frente a esa inexorable maldición histórica y castigo climático.

Ya lo dije, como vivimos en un país maravilloso, las presas fluviales podrán reventar cualquier día de puro viejas, que será justicia el borrar la memoria y el estigma del Dictador. Lo que se lleven por delante las aguas embravecidas no será problema, ya que en un país maravilloso como este, se está preparando un reemplazo poblacional para remediarlo: la carroña fascistoide que barran las riadas, será suplida con jóvenes africanos que nos llegan con tres carreras y ganas de invertir enormes capitales, que ya es una suerte, porque no sabían qué hacer con la pasta, hasta que han encontrado en este país maravilloso el aliciente de sostener nuestro menguante estado del bienestar. Sí, se nos llegan a arreglar el colapso de la sanidad, la quiebra de las pensiones, el pertinaz desequilibrio entre salarios e inflación, y demás problemas propios de un país maravilloso.

Tanto, que la democracia se ha reinventado de tal modo que no consiste en obtener una mayoría ni aprobar presupuestos para gobernar, sino ganar con el relato lo que no otorga el sufragio.

Pero no suframos, es este un maravilloso país donde se atan como lapas los Pedros y asociados con longanizas. Así que, por ejemplo, hay de sobra para pagar en Tegucigalpa iniciativas de cooperación y desarrollo, tan imprescindibles entre otras como es fomentar «la expresión política del poder de la vulva en talleres dialogantes, desde vivencias trans en diálogo con las corporalidades e identidades que colocan en común la vulva, sometidas, moldeadas, controladas, anuladas por un sistema cisheteronormado, en reflexiones y sentires provocados por la técnica de escultura con arcilla, conjugando las artes plásticas y la reflexión crítica sobre la sexualidad y las corporalidades, y en conjunto contribuir a la provocación de diálogos tabúes a diálogos habituales para las personas que habitan y reconocen el poder de la vulva en un mundo hegemónicamente telocéntrico». Uf... Tal cual, sic.

La vulva, salvada sea la parte y su gramática, redundancias aparte, sí, en efecto, es un enorme relato. Quién se lo iba a perder, qué puede salir mal, viniendo de un país tan al borde del ridículo universal como terriblemente maravilloso...











