VARÓN: LESBIANA DE PELO EN PECHO

F. Garrido • 8 de marzo de 2024

VARÓN: LESBIANA DE PELO EN PECHO


© Fernando Garrido, 8, III, 2024.


Hace ya cuatro años, tal que hoy, el gobierno “más feminista del Planeta” lanzó a cientos de miles de mujeres a infectarse en manada por las calles de Madrid y del resto de capitales españolas.

El rebaño gritaba y acusaba preventivamente de asesinos no precisamente a quienes, por ocultación y negligencia, las estaba matando de verdad en ese mismo instante.

Así, muchas de aquellas pobres chicas del rebaño-masa feminoide eran ya, sin sospecharlo, sólo gritones cadáveres manipulados en las manifas de aquel triste 8 de marzo, porque, infectadas, perderían sus vidas los días subsiguientes, víctimas del virus chino y del grimorio feminista de SNCHZ “Abadón” el ángel exterminador.



Pero a buen seguro que hoy, efeméride del holocausto, ninguna feministra recordará a las víctimas sacrificiales de la gran estafa que arrebata a la mujer su femenina naturaleza, subsumida en la diferengualdad de estado que permite, sí o sí, que cualquier Barrabás condenado por violación salga de prisión beneficiado por las leyes que dictaron las chicas del harén de un tal Pablo, del que dicen que es gran prestidigitador, porque las echa unos polvos (mágicos, suponemos) y las hace desaparecer al tiempo que con un ¡chas! aparece a su lado otra distinta, para acabar azotándola en las nalgas hasta el sangrado.



También hoy, gracias a la magia de género, algún maromo batirá un récord deportivo compitiendo en categorías femeninas, esgrimiendo su incuestionable condición de chorba, legalmente establecida, con tal de declararse a sí mismo mujer y lesbiana -de pelo en pecho- en un registro civil.

A decir verdad, todos los hombres deberíamos aprovechar esta oportunidad que nos brinda el progresismo trans feminista, para corregir la aberración legislativa que son las discriminatorias cuotas femeninas obligatorias y demás privilegios contenidos en las más de 500 medidas legales que hoy discriminan en España al varón respecto de la mujer que, por supuesto destrozan los fundamentos de los Derechos Humanos.

A decir verdad, muchas de esas medidas, aún en proceso de implantación, no son de ahora, parten de la Ley de 2004 y del Pacto de Estado que se aprobó bajo el dictamen del Partido Popular. No digo más…

Peor aún es que hoy, a buen seguro, varios hombres españoles e inocentes dormirán en comisaría a la espera de un juicio rápido -con perspectiva de género- donde se les condenara, sí o sí, preventivamente tras una denuncia falsa de su compañera, pareja o ex-pareja en histérica venganza por cualquier frustración o calculado beneficio.

Hay más, porque probablemente esta noche de viernes, 8 de marzo de 2024, algún sin papeles magrebí forzará coránicamente, solo o en compañía, a alguna hembra en el nombre sagrado de Alá; pero sus cómplices, las talibanes feministas, con sueldos a cargo de los presupuestos públicos, ocultarán la filiación del criminal, para no estigmatizar al colectivo de salvajes ilegales, cuya abultada estadística violenta es apabullante y terrorífica.

Alguien entiende algo. Qué diablos es el feminismo hoy.

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© Fernando Garrido, 2026 Ya desde los tiempos de godos, mozárabes, mudéjares y moros, afiladas lenguas hebreas comentaban que sería posible crear un bosque bien arbolado de leña seca, reuniendo en él todos los lignum crucis adquiridos por abades, obispos, nobles y reyes para el tesoro de cenobios, basílicas o palacios, y contemplar al mismo tiempo una babilónica rosaleda de espino rejuntando las reliquias de la spinea corona custodiadas en guardapelos a lo largo y ancho de la cristiandad. En aquellos lejanos siglos amorfos de exuberantes pestes, de morbos inexplicables, de terribles mitos y crímenes de lesa supervivencia, no existía inseguridad en nada, porque simple y llanamente no se sabía que era el estar seguro, así que la incertidumbre no formaba parte del ánimo antropológico, sino que constituía el sentimiento mismo, el estado básico, radical, inconsciente y reptiliano sobre el que se construían las conciencias empíricas y el espíritu moral elevado a inefable misterio trascendente. La naturaleza toda tenía un valor oculto, animado y sacro. Lo pequeño podía sustituir a lo enorme y vencer su resistencia, así como lo enorme troceado era igual y lo mismo que el todo y lo absoluto.
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