FELIZ AÑO Y TODO ESO
FELIZ AÑO Y TODO ESO
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© Fernando Garrido, 31 de diciembre, justo al borde de 2026
Hoy, por ser nuevo año, he comenzado a fumar. Para mañana tengo decidido darme de baja en el gimnasio y abandonar la dieta de verduras los lunes, la piscitariana los martes, la vegana los miércoles, los purés de legumbres el jueves y la abstinencia de cada viernes. Me entregaré como si siempre fuese finde a la gruesa pitanza y a la bebida sin medida. Aunque no me atraiga demasiado el dulce, lo comeré compulsivo entre horas y cenaré copiosamente con alimentos ultra saturados y ricos en colesterol.

Arrojaré a la basura ese repelente curso de inglés por fascículos. No me volveré a afeitar las axilas ni a untarme de body milk, tampoco leeré un solo libro ni periódico. Todavía hay más. Me he propuesto ser mucho peor persona, gastar mi dinero en el juego y el sexo duro de alquiler.

Si hubiese elecciones votaré al peor candidato posible o a cualquiera de sus socios. Mentiré acerca de todo, robaré en el súper, no atenderé el alquiler, me largaré sin pagar de todo lugar y me colaré en las filas de espera. Reñiré con cualquiera por nada, no frecuentaré amistades decentes, me olvidaré de la familia y pondré los retratos de Putin, Xi Jinping y Maduro en lo más alto de mi despacho. Envenenaré al primer perro que me moleste y me uniré a las bandas de saqueadores cuando llegue la próxima Dana.

O sea, quién aún piense que la inútil costumbre de hacerse propósitos para el día uno de enero es algo aburrido y, sobre todo, frustrante, ya que llegado el próximo año nada habremos cumplido, pues les diría que están a tiempo de ser originales, que no cometan el sempiterno error, que prueben del revés y quizás tengamos más éxito en alcanzar lo que antes pareciese imposible, aunque, tal vez, con tanto exceso no tengamos la oportunidad de llegar al próximo último de diciembre para celebrar al fin las promesas inversamente incumplidas.

Feliz año invertido y todo eso...











