HOMBRE RICO, NIÑO POBRE

F. Garrido • 8 de diciembre de 2025

HOMBRE RICO, NIÑO POBRE


© Fernando Garrido, 8, XII, 2025


Solemos decir que la Navidad es un tiempo festivo para el renacimiento de la niñez. El periodo del reencuentro de los adultos con aquel niño que un día fueron, conmemorado a través de los que hoy aún lo son: hijos, nietos, vecinitos...


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Sin embargo, borrar la cara a los niños en las fotos es al parecer una de las grandes conquistas de nuestro preclaro progreso. Claro que, por otra parte, no es necesario borrar mucho, porque cada vez hay menos niños, más perros, más jabalíes y cualquier bicho a los que comparativamente se les dispensan más atenciones que al humano, siempre teniendo en cuenta que somos nosotros los que sostenemos esos presuntos derechos que las bestias nunca han reclamado.

En cualquier caso, nacer hoy es llegar con varias condenas por anticipado. Si nadie lo remedia y parece ser que no, cada niño tendrá que pagar la pensión a dos o tres jubilados, también el sueldo a otros tantos funcionarios y por añadidura a un considerable mazo de políticos.

Así que, digan qué ventajas tiene venir al mundo hoy en España con tamaña deuda de antemano y de por vida. A pesar, dicen que eso es bulo, que no hay problema, que todo lo sostendrá la inmigración y permítanme que lo dude, pues serán inmigrantes, pero no idiotas, y hoy por hoy más que la solución son una de las partes que parasita en el problema, por el enorme coste asistencial no contributivo o de remuneraciones de subsistencia con que se atiende ya a un numeroso volumen de extranjeros que no podrán nunca optar a un empleo por su ilegalidad, inadaptación, descualificación, etc.

Casi que bien pensado, con este panorama, en lugar de niño mejor nacer perro. Aun así, me voy a permitir cuestionar aquello que llaman pobreza infantil, no porque no exista, sino porque aquellos que usan y abusan de ese concepto deberían de explicar cómo es posible un niño pobre, si antes y por encima de ellos sus padres y familias no lo son. Así de simple es desmontar tan lastimero y ridículo argumento, del cual interpreto que en realidad lo pretendido es borrar a los adultos de ese cliché familiar, que es donde aparece el verdadero meollo de la pobreza.

Pero a pesar de los disolventes estadísticos y la cosmética mediática, el ciudadano ve cada día como su vida empeora en este progresivo régimen inflacionario y de esclavitud fiscal que ha ido poco a poco penetrando en todos los rincones de nuestra vida.

Aun así, cuando el borrado no cuela, se recurre a justificar nuestro obligado voto de pobreza franciscano, como necesario sacrificio democrático, para que no lleguen los seres de ultratumba con la moto-guadaña a segarnos los derechos. Aunque sea fácil imaginar cuántos pocos de esos nos quedarán ya, llegado el caso.

Pero no nos alarmemos, esto tiene fácil solución, si el problema es la pobreza infantil, esta Navidad hagamos ricos a los niños, que no son muchos, y san se acabó tanta paupérrima melancolía.

Feliz tránsito otoñal.


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