SER ESPOSA DE…

F. Garrido • 13 de abril de 2024

SER ESPOSA DE…


© Fernando Garrido, 13, IV, 2024


El de ahora, altavocea solemnemente ser un gobierno feminista, el más feminista del Planeta y el que mejor feminea, aunque tenga un presidente, sospechosamente varón, que posee una mujer, parienta, socia o pareja, cuyos súper poderes consisten únicamente en ser “la esposa de…”. Vicaria o subalterna por tanto de su cónyuge, que no tiene embargo en investirla secretamente embajadora del cohecho y cónsul del contrabando estupefaciente de influencias.



Una esposa influencer, muy empoderada, podríamos decir, que sin estudios, oficio ni beneficio anterior, su único mérito conocido -hasta ahora- es andarse desposada bajo el techo de cristal presidencial que la ha procurado, entre otros varios pingües negociados, una cátedra en la Complutense de las que ya quisieran para sí meritorios, esforzados y eminentes doctores.

Pero ¿De quién depende la Complu? pues eso…, quiquiriquí.

Y ahora resulta evidente que perdían el tiempo todos aquellos sexadores de aves que, conjugando “oño” u “oña”, entretenían al personal discutiendo si era pollo o polla, cuando se trataba de una urraca, burraca o marica común venida a más. Una plumífera similar al cuervo, pero de cola larga y blanquinegra, que remeda palabras y que, como las gentes del campo saben, es ladrona porque suele llevarse al nido los objetos ajenos de valor.



Pero eso sí, dicen malas lenguas, bastante mejor informadas, que su papá de ella regentaba en la Capital tórridos locales, donde al parecer cierto comisario y algún que otro bujarrón con placa de latón esmaltada, tenían bula para espiar juegos de chapas entre niños y mayores. Y añaden, esas mismas fuentes, que gracias a algunos comprometidos clichés, su yerno de él, doctorado en germanías, consiguió adhesiones y perrunos servilismos, a fin de que aquellos sudorosos pecadores se hicieran perdonar, bajo silencio, ciertas horribles salvedades al sexto y otros cuantos mandamientos.



Desde entonces, entre pájaros, cuentos y cuentas, la pareja ha prosperado. Y quizás pensando en la retirada, hacen avaricioso acopio para el incierto futuro, bajo ese cinematográfico juramento gástrico que hiciera famoso Scarlett O´Hara en “Gone with the Wind”. Lo que el viento se lleva que, como es sabido, para el buen socialista de ahora es todo bien que se encuentre sobre la faz de la Tierra. Sobre todo el dinero y recursos públicos, porque ya se sabe que no son de nadie, salvo del viento, según el dogma acuñado por solemnes pirados progresistas.

Con todo, hay que admitir que ser “esposa de” presidente es dura tarea, que conlleva un gran sacrificio de inobservancia a la doctrina feminista, que aqueda subrogada a servirse del vil heteropatriarcado machista, así como perder la decencia de mujer de César para asemejarse e igualarse a él en fechorías. Es la vuelta al “tanto monta”, pero del revés, en el delito y la corrupción sobre lo que aquellas dignas y esforzadas Católicas Majestades nos legaban.


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