AHORA 77

F. Garrido • 2 de febrero de 2024

AHORA 77


 © Fernando Garrido, 2, II, 2024


Entro y leo un aviso: “Use el ascensor sólo en caso de necesidad”. Y me pregunto: quién decide aquí la necesidad de venir a una póstuma y retrospectiva exposición de pintura, o de opinar en este artículo sobre lo visto en ella, o de subir en ascensor.

Está claro, la decisión es mía. Tan mío como lo que voy a contar.

Tomo el ascensor: primera planta del arco de Santa María. Serán como tres o más plantas de un edificio actual.

Elevarse mecánicamente bien lo merece para un fumador. Evidente caso de necesidad. Al diablo la huella de carbono. También me malicio que, casi seguro, el autor hubiese hecho así; según me cuentan y veo en algunas fotos, en sus últimos tiempos llegó a adquirir una orondez impresionante.

Vale, lo digo: se trata de Mons, Juan. Pintor o artista con domicilio en la calle Santander, en Burgos, que falleció el pasado año. En este 2024 hubiese cumplido ¡vaya por Dios! 77 años de edad, número que da título a la muestra.


Leo en alguna parte que Mons quiso con su pintura «provocar espacios de reflexión en torno a la convivencia humana». Y me digo: qué es provocar, qué es espacio y reflexión, qué es la convivencia humana.

No encuentro respuestas, aunque al parecer es lo que debería de tener presente al observar las pinturas colgadas en las paredes de este espacio consistorial.

Descarto la sugerencia y me entrego a disfrutar libremente de unas obras consecuencia, en última instancia, de un arte rupestre visto a través de Goya, Picasso, Toulouse-Lautrec, Mingote y, sobre todo, de las fieras salvajes, aquellos fauvistas franceses de principios del XX: Henri Matisse, André Derain…

Mons, como una colección de ellos, practicó un arte ecléctico, variado, pero sobre todo es el caprichoso antojo del color que imprime, impropio, lo que precisamente opera en su obra de delicioso nexo en esa su libre figuración expresionista. Pinturas intituladas, sin cartela ni fecha, desbordando el plano bidimensional que, con aspiración de bulto redondo, quieren ser guiño cubista.



Su dibujo, a veces, tira líneas claras en equilibradas, bellas y obsesivas composiciones urbanas, fabriles o portuarias, aparentemente caóticas. Son esos barcos amarrados, las grúas, naves, lonjas y óculos; siempre el óculo bajo acento circunflejo de tejados, muchos óculos, escotillas, puntos seguidos o aparte entre colores caprichosos. Ora melancólicos, ora hilarantes. Siempre caprichosos.

Otras, el dibujo antropológico disuelto en algarabías circenses y tauromaquias, en pictóricas hagiografías o en exégesis mundanas y literarias.



Juan Mons, no defrauda. Es tiempo valioso, sugerente, en ascensor o por la empinada escalera, sobre el arco de Santa María, expuesto al público hasta el próximo 18 de febrero.

Un “peta zeta” aperitivo, cosquilleante, para preparar los jugos antes del vermut que espera a la vuelta de la esquina.


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