EL CLUB DEL SAQUEO

F. Garrido • 14 de marzo de 2024

EL CLUB DEL SAQUEO


Fernando Garrido, 14, III, 2024


De qué tiene miedo la oposición al régimen, nos preguntamos. Creo que es ésta una cuestión fundamental si analizamos la suavidad e inocuidad con la que están haciendo frente al avanzado proceso subversivo en que vive España, de manera especialmente acelerado desde el pasado mes de julio.

Ya entonces, la campaña electoral de ambos partidos constitucionalistas fue deplorable, sobre todo de la parte aspirante a ser guardián y garante dentro de una presunta coalición para que no se diera de nuevo el síndrome o complejo del pasmado. Su resultado fue realmente desastroso y aún no han tocado suelo. Pero internamente se blindan y no reconocen su fracaso ni asumen responsabilidades.



¿De qué tienen miedo? No es una pregunta retórica en absoluto, porque el nivel de escándalo en todos los órdenes que estamos presenciando requiere más que discursos grandilocuentes y estereotipados (o manifas con notables ausencias) para hacer frente a quienes usan la vía de los hechos con todos los recursos que extralimita su poder, y la espeluznante, a la vez que violenta y delictiva, torsión y extorsión sistemática de las instituciones y sus servidores, haciendo de la política una práctica indecente y corrupta como jamás la hubo.

Es hora de adoptar medidas de verdadera fuerza y calado para ofrecer salidas y esperanza a una sociedad que está siendo llevada hacia la ruina económica y moral por una dictadura encubierta o no tanto.



Mientras los españoles trabajábamos el pasado año hasta el día 29 de julio sólo para pagar impuestos (un mes más que antes del sanchismo y varios días después de las elecciones generales), vemos como los servicios públicos se deterioran, la inflación y la mentira no tienen límites, la seguridad jurídica desaparece en todos los órdenes, los recursos y territorios se venden en almoneda, y la propiedad privada es puesta al servicio (valga la redundancia) del régimen y la delincuencia.

Al final de todo, lo que realmente les importa es el dinero, sobre todo para sí mismos, luego para tapar bocas, mantener a su jauría y destrozar al sistema desde el BOE.



Por eso, es urgente plantarse y atacar de veras a su flanco vulnerable: la pasta.

La insumisión fiscal general sería un arma popular perfecta en legítima defensa, por cuanto los impuestos, aparte de haber alcanzado niveles de expolio criminal hacia el contribuyente (100 impuestos, sumando la fiscalidad nacional, la regional y la local) sin apenas retorno, son robados –lo estamos viendo- a espuertas o maletas por las bandas mafiosas gubernamentales en corporativa sociedad con espurias compañías mercantiles y aéreas, en connivencia con el narcotráfico, el de humanos y también el sanitario, en alianza con terceros países (Rusia, Marruecos, Venezuela, República Dominicana, etcétera) a donde se exportan capitales opacos y trafican todo tipo de derechos, concesiones, aspiraciones y prebendas políticas.

El gobierno está cometiendo gravísimos delitos económicos y de alta traición que justifican y reclaman una respuesta civil contundente y eficaz, liderada por la oposición.

A qué están esperando. De qué tienen miedo. O es que aspiran a ingresar algún día -o preventivamente ya pertenecen- al club del saqueo. 


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© Fernando Garrido, 2026 Ya desde los tiempos de godos, mozárabes, mudéjares y moros, afiladas lenguas hebreas comentaban que sería posible crear un bosque bien arbolado de leña seca, reuniendo en él todos los lignum crucis adquiridos por abades, obispos, nobles y reyes para el tesoro de cenobios, basílicas o palacios, y contemplar al mismo tiempo una babilónica rosaleda de espino rejuntando las reliquias de la spinea corona custodiadas en guardapelos a lo largo y ancho de la cristiandad. En aquellos lejanos siglos amorfos de exuberantes pestes, de morbos inexplicables, de terribles mitos y crímenes de lesa supervivencia, no existía inseguridad en nada, porque simple y llanamente no se sabía que era el estar seguro, así que la incertidumbre no formaba parte del ánimo antropológico, sino que constituía el sentimiento mismo, el estado básico, radical, inconsciente y reptiliano sobre el que se construían las conciencias empíricas y el espíritu moral elevado a inefable misterio trascendente. La naturaleza toda tenía un valor oculto, animado y sacro. Lo pequeño podía sustituir a lo enorme y vencer su resistencia, así como lo enorme troceado era igual y lo mismo que el todo y lo absoluto.
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