EL SUICIDA IMAGINARIO

F. Garrido • 10 de agosto de 2025

EL SUICIDA IMAGINARIO


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© Fernando Garrido, 10, VIII, 2025


No he pasado por eso, como tampoco la inmensísima mayoría. Dicen y es bastante cierto que el suicidio es algo trágico, y que también la mayor expresión de libertad, pero, claro está, la última y más definitiva. Aunque a mí me da que cuando aquello queda sólo en intento, la libertad está situada en otra parte distinta o que más bien ha quedado postergada de antemano. De tal modo que es mera exhibición en pos de llamar la atención y tal vez victimizarse.

Es decir, algo tan tremendo como acabar voluntariamente con la propia vida no es una cuestión que se improvisa, aunque la tormenta sea fugaz, pues la voluntad de hacerlo, si es real, es de tal calibre que tendrá que ser casi tan fuerte como la determinación para su efectiva ejecución, porque en verdad no es tan difícil autoejecutarse. Baste mencionar, sin ánimo de dar ideas, ventanas, puentes, acantilados, sogas, vehículos acelerados, venenos o fumarse un peninsular según cantaba la copla, y, en fin, para qué continuar la lista de sencillos medios tan a mano y eficaces de toda necesidad.

Lo de suicidarse sólo un poco, suena raro. Lo digo ahora por ese político valenciano, imaginario suicida fracasado, que durante décadas fue muy eficaz falsificándose a sí mismo para cobrar como auténtico. Pero al ser pillado lo dimiten y vuelve a falsificarse con “un adiós mundo cruel” de corta y pega, para hacerse víctima de los denunciantes. Y ahí tenemos a los de su banda acusando del falso suicidio a lo que se mueve fuera de su acuartelamiento.

Como decían los Golpes Bajos: “malos tiempos para la lírica”. Hoy todo, hasta el suicidio, es propaganda. Qué momentos aquellos cuando los románticos del XIX se suicidaban completamente y de veras por amor, o luego en el XX tras un crack financiero… o, mejor aún, aquel socialismo real de la URS o cubano, cuando invitaba e invita a sus miembros incómodos a beber un chato de polonio o cualquier otra delicatesen para cambiar de barrio. Aunque, a decir verdad, fuese Sócrates el mejor suicida inducido de la historia, el más coherente y comprometido con sus principios en que no cabía una democracia tan bastarda como la que ahora nos hace responsables a los demás de los crímenes y corruptelas del régimen societario.

En fin, qué tiempos aquellos, qué envidia cuando los romanos suicidaban a sus generales torpes y capitanes traidores e innecesarios. Hoy es al contrario.

Y me pregunto, a quiénes estará planeando suicidar el narciso y cobarde capitán del falso cohete, a cambio de salvarse, que ahora se refugia, atracado, a cuerpo de rey en Lanzarote. No lo dudemos, como de costumbre, seremos todos y cualquiera de los demás.


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