LAS GUERRAS DE PAPÁ

F. Garrido • 12 de marzo de 2025

LAS GUERRAS DE PAPÁ


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© Fernando Garrido, 12, III, 2025


Europa por fin emerge ¡Tiemble Zeus!, porque si ha demostrado su eficacia para destrozar a enemigos tan terribles como el sector primario y la industria, poca cosa será destruir al invasor occidental, porque al otro, al invasor bueno, el oriental o africano que reza hacia la Meca, ya lo tenemos integrado, vencido y convencido con caricias y subsidios para que no empleen la violencia más allá de pasarnos circunstancialmente a cuchillo o estofarnos de cuando en vez con un macutazo pirotécnico.

Pues según mis cuentas ya estábamos en guerra desde que estas se inventaron. Es lo que tiene el wokismo que nos embarga, hablan de seguridad para no decir defensa, dicen como mucho conflicto para no decir guerra…

Pero la seguridad, que yo sepa, es la que cada ciudadano ha de contratar con empresas privadas para que, por ejemplo, no le limpien u ocupen su vivienda. Perdón, he usado el posesivo erróneamente, me refería a un bien del cual el ciudadano es mero esclavo y gestor tributario, pues, no nos engañen, la titularidad es de ese papá estado socialista que silenciosamente ha sustituido a la democracia liberal.  

Por tanto, a qué se refiere la family happy flowers de toda la vida a costa de los demás, cuando hablan de más gasto en seguridad.

No saquen la calculadora, porque al final el resultado es que más de dos tercios de lo virtualmente nuestro ya se lo llevaban para cebar con afrodisiacos a su maquis lover que hace el amor contra el clima y la descarbonización, contra el racismo y el macho corrupio, contra las bebidas azucaradas y el plástico escolástico, contra el coche asesino y el turismo depredador y, en fin, dejémoslo ahí porque esto es un no acabar en que cada Cupidito lleva adosada en los bajos una viagra lapa impositiva.

Pero ahora resulta que ha llegado, al parecer, la guerra de veras, la madre de todas ellas, así que aterroricémonos, cuerpo a tierra que vienen los nuestros con el panfleto pedagógico del próximo saqueo.

Qué más se puede pedir… Están que no caben de gozo. No hay que inventar otra vez la inflación que ya da pingües resultados, ni que apaguemos las calefacciones y aires acondicionados. Nadie ya recuerda aquello… Ahora estamos en otro pantallazo, estamos más fuertes y convencidos que nunca contra el mundo mundial en esa epopeya que se anticipa victoriosa fabricando billetes y deuda que otros pagaremos.

Y ese nuevo ejército fast food comunitario será lo más de lo más, repartiendo en bicicleta orquídeas y tulipanes de vivero por los campos de batalla. Tanto que el sastrecillo valiente europeo toma ya medidas para hacer sendos trajes de madera ecológica a Trump y Putin. Dos por el precio de uno, más IVA.

Resulta enternecedor escuchar a esa Pericles alemana, Úrsula von der Leyen, cheerleader y presidenta del club de los sofistas, decirnos que hemos despertado del sueño.

Señora, ¡vaya usted a la mierda!


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© Fernando Garrido, 2026 Ya desde los tiempos de godos, mozárabes, mudéjares y moros, afiladas lenguas hebreas comentaban que sería posible crear un bosque bien arbolado de leña seca, reuniendo en él todos los lignum crucis adquiridos por abades, obispos, nobles y reyes para el tesoro de cenobios, basílicas o palacios, y contemplar al mismo tiempo una babilónica rosaleda de espino rejuntando las reliquias de la spinea corona custodiadas en guardapelos a lo largo y ancho de la cristiandad. En aquellos lejanos siglos amorfos de exuberantes pestes, de morbos inexplicables, de terribles mitos y crímenes de lesa supervivencia, no existía inseguridad en nada, porque simple y llanamente no se sabía que era el estar seguro, así que la incertidumbre no formaba parte del ánimo antropológico, sino que constituía el sentimiento mismo, el estado básico, radical, inconsciente y reptiliano sobre el que se construían las conciencias empíricas y el espíritu moral elevado a inefable misterio trascendente. La naturaleza toda tenía un valor oculto, animado y sacro. Lo pequeño podía sustituir a lo enorme y vencer su resistencia, así como lo enorme troceado era igual y lo mismo que el todo y lo absoluto.
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