MATAR AL PADRE

F. Garrido • 20 de octubre de 2024

MATAR AL PADRE


© Fernando Garrido, 20, X, 2024


“Matar al padre” es un concepto aforístico o metafórico empleado retórica y recurrentemente en psicología para señalar el momento o proceso en el cual un hijo, llegado a una cierta edad de madurez, cobra conciencia y siente la necesidad de manifestarse como adulto y autónomo respecto a la sombra del padre. Una autonomía emancipadora que, para afirmarse, requiere necesariamente la negación, siquiera simbólicamente, de la autoridad paterna.

Un profesional de la mente podría disertar varias horas sobre este fenómeno de la psiquis humana, pero valga esta escueta explicación para entender, quizás pecando de reduccionismo, el movimiento político que ha venido operando desde 1978 en España y que ahora se halla a las puertas de culminar exitosamente.

Aunque la actual Constitución contemporáneamente enterraba una época y a un cadáver que morían en la misma cama después de un suave proceso agónico, aquel hecho supuso para los socialismos una frustración.  



El régimen falleció -biológica y políticamente hablando- de manera natural, y la gran mayoría del pueblo español aceptó como herencia colectiva la emancipación y sucesión en forma de transición a una democracia; de la ley a la ley, sin violencia ni revolución.

En definitiva, no fue necesario “matar al padre” puesto que él solo se murió. Pero una parte de la izquierda no quiso ver la realidad. Así que, como matar a un cadáver es una ardua e inverosímil tarea, trataron de cobrarse el ya imposible “asesinato” cebándose con la sangre del pueblo y el ataque al sistema e instituciones democráticas, identificándolas con aquel (el régimen y su jefe de estado) como continuidad de una misma cosa.



El resentimiento y el odio hacia el ser humano, la libertad y a la nación española es el cemento que ha unido a distintos partidos e ideas socialistas, comunistas e independentistas bajo esa causa común mantenida en el tiempo a través de grupos terroristas o extremidades armadas como los GRAPO, FRAP, Terra Lliure, Resistência Galega, y sobre todo ETA. Organizaciones criminales que durante décadas han causado tanto dolor y muchas víctimas, aparentemente sin éxito. Pero no es así, pues tras un periodo de violencia durísima, ahora recogen los frutos bajo el eslogan propagandístico: “ETA no existe”.




Sin embargo, lo sucedido es que se ha operado un cambio o cesión del liderazgo estratégico, para su blanqueamiento y legitimación, hacia el PSOE, partido que tras una etapa de moderación fue abandonando la senda constitucionalista tras los atentados terroristas de Madrid que lo llevaron al poder.



Ahí fue donde comprendieron cómo aquella transición regimental tranquila les privaba de su verdadera vocación y naturaleza parricida que, para realizarse, era necesario ponerse al frente de una coalición de minorías y aparentes perdedores junto a sus gudaris y criminales, para entre todos asesinar finalmente a la nación española y su constitución democrática, por heredada, incómoda e inservible a su objetivo final de alcanzar y permanecer en el poder mediante un modelo sistémico federal, socialista y republicano, inverso del actual Estado liberal, democrático, social y de derecho.




Para ello se han ido dando los pasos oportunos, cada vez con mayor aceleración. Tanta que nos encontramos ya ante las puertas del golpe definitivo para asesinar a nuestro padre, el de todos y cada uno.


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