MILEI, TANGO MONTA…

F. Garrido • 22 de noviembre de 2023

MILEI, TANGO MONTA…


© Fernando Garrido, 22, XI, 2023


Mientras en España se reestrena otro paquidérmico gobierno de herejes, diseñado para la subversión y el expolio de los residuos de libertad que nos deja su clon anterior, debo de manifestar con júbilo que la victoria en Argentina del liberal don Javier Gerardo Milei (Buenos Aires, 1970) me produce algo de envidia y, sobre todo, una doble satisfacción.

En primer lugar, porque finalmente allí La Libertad Avanza ¡carajo!, a pesar de la infame campaña internacional en contra, de la que en España, con gran entusiasmo (frustrado), se han ocupado vicariamente todos los medios del ominoso régimen cuyo referente programático es, entre otros tugurios, el corralón peronista argentino.

Y esa es la segunda razón transitoria adicional de mi contento: el profundo escozor hemorroide que produce a las élites políticas progretarias (de diestra y siniestra) posicionadas a favor de sus hermanos mafiosos, que han llevado a Argentina al desastre tras décadas de corrupción.

Tanto allí como aquí, la delincuencia política ha levantado y levanta muros de impunidad, creando mitos como coartada para sus crímenes y veleidades.

Para todos ellos, Milei es otro carmine horribilis inserto en el relato de los ultracuerpos de extrema derecha, conservadora o liberal. Ese mito monstruoso contemporáneo cuyos atributos son básicamente la negación y cualquier oposición a los dogmas de los nuevos holocaustos instrumentales del comunismo internacional globalista, representado por el Foro de Sao Paulo o el criminal Grupo de Puebla, cuyos comisarios (amérigo-bolivarianos, euro-putinescos, asiático-mahoistas e islamico-iraníes) asesoran y señalan al actual gobierno español la hoja de ruta para el cambio de régimen que a todos ellos conviene, como estratégica punta de lanza en una Europa mesalina que, aunque a veces melindrosa, se entrega siempre fácil y disfrutona.


Esto mismo es lo que viene denunciando Milei, quien ha señalado a España como país satélite de ese neo totalitarismo marxista internacional al que sin duda pertenecen un expresidente (ZP) y el actual hijo de la gran fruta madura (SNCHZ) y su mini Yo, el eunuco repelente niño Vicente (BLÑS), recién designado delfín y sucesor a la jefatura del Estado en caso de crisis biológica.

Todo está atado y bien atado con una especie de imposible nudo gordiano al que, según la tradición alejandrina, no vale aplicarle otra industria que el concurso de una espada afilada sin complejos, como la esgrima de don Javier Gerardo Milei con su vehemente tango a la libertad.


“Tanto monta cortar como desatar”, según lo explicaba Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana.

Lema que ya había recomendado un siglo antes el humanista y gramático Elio Antonio de Nebrija, a aquellos reyes consortes que, dando un tajo al empoderado ovillo de la esquiladora nobleza territorial, tomaron bajo su égida todo cuanto existía en el universo hispano, para conformar el primer estado nacional de Europa.

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© Fernando Garrido, 2026 Ya desde los tiempos de godos, mozárabes, mudéjares y moros, afiladas lenguas hebreas comentaban que sería posible crear un bosque bien arbolado de leña seca, reuniendo en él todos los lignum crucis adquiridos por abades, obispos, nobles y reyes para el tesoro de cenobios, basílicas o palacios, y contemplar al mismo tiempo una babilónica rosaleda de espino rejuntando las reliquias de la spinea corona custodiadas en guardapelos a lo largo y ancho de la cristiandad. En aquellos lejanos siglos amorfos de exuberantes pestes, de morbos inexplicables, de terribles mitos y crímenes de lesa supervivencia, no existía inseguridad en nada, porque simple y llanamente no se sabía que era el estar seguro, así que la incertidumbre no formaba parte del ánimo antropológico, sino que constituía el sentimiento mismo, el estado básico, radical, inconsciente y reptiliano sobre el que se construían las conciencias empíricas y el espíritu moral elevado a inefable misterio trascendente. La naturaleza toda tenía un valor oculto, animado y sacro. Lo pequeño podía sustituir a lo enorme y vencer su resistencia, así como lo enorme troceado era igual y lo mismo que el todo y lo absoluto.
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