RIQUEZA MÁGICA, ESCASEZ RACIONAL

F. Garrido • 28 de octubre de 2022

RIQUEZA MÁGICA (socialista)

ESCASEZ RACIONAL (liberal)


© Fernando Garrido, 29, X, 2022


Que no nos engañen: habitamos un universo de recursos escasos y limitados, donde carecer de algo es el estado más común para el ser humano.

La economía es precisamente la gestión racional y ordenada de esa escasez, no de la riqueza en un imaginario Edén abundoso como pretenden los socialismos.

Es esa una de sus grandes falacias de la cual se sirven para promover el hastío humano, generando necesidades más difíciles de satisfacer que exigen la creación de derechos imposibles que inducen a la frustración y tensión social permanente.

Pobreza energética, alimentaria, menstrual, habitacional, infantil o financiera, expresadas también bajo las fórmulas “desigualdad” “vulnerabilidad” “exclusión”, o sujetos como “los que más lo necesitan” “los desfavorecidos” “los que se quedan atrás”, son ejemplos del rosario de indigencias de perspectiva económica prescritas por los socialismos para articular su discurso mesiánico y demagógico.

En suma, para los socialismos el hecho objetivo es la riqueza (mágica) y no la escasez (realidad científica).

Por eso el esfuerzo intelectual, productivo, industrial o tecnológico para extraer, crear o transformar bienes a partir de recursos escasos, no constituye la base de su plan económico-ideológico, sino la intervención sobre una riqueza preexistente, presuntamente gratuita e infinita, a cuyo extremo programático se halla la usurpación total de los bienes y recursos para su gestión y redistribución arbitraria.

De ahí que el socialismo proclame que el dinero (riqueza) debe estar en las arcas del Estado, no en el bolsillo del ciudadano que lo gana. Y propaga mediante eslóganes fatales como “windfall profits” (beneficios caídos del cielo), “lluvia de ganancias” “sobre retribución” o “dividendos del carbono” el carácter inmoral de la empresa que crea u obtiene riqueza.

En consecuencia, para luchar contra ese “mal” llamado beneficio, aplican la tortura correctiva del impuesto expoliador que en la escala porcentual aspira al 100%, o sea, la expropiación total.

Hoy, acuciados por la inflación propagan, por ejemplo, la idea de que los beneficios de las empresas de la cadena de distribución entre origen y punto de venta de un producto alimentario son enormes, abusivos e impresentables.

Si eso fuese cierto todo inversor con mínima inteligencia entraría a participar en ese gran negocio. Pero evidentemente no es así.

En esa cadena de “beneficios ilícitos” se encuentran procesos de homologación, selección, clasificación, conservación, etiquetados, empaquetados, mercadotecnia, transporte, etcétera. Todos en cumplimiento de una normativa  cada vez más fundamentalista para la puesta del producto en el mercado. Al cual, de paso, el socialismo le endosa más tasas e impuestos que no requieren la inversión que la cadena logística precisa, se oficia por arte de magia en el BOE, desde el cual se monta el gran negocio que genera grandes beneficios, sin coste ni esfuerzo, a la élite política acaparadora, virtualmente redistributiva.

Y lo más importante, ocultan u olvidan que estamos -de momento o quizás ya no tanto- en una economía de libre mercado que facilita y permite la existencia de competidores, una de cuyas estrategias puede ser -y suele ser- dar mejor y más barato un servicio o producto reduciendo márgenes de beneficios que, a veces, en función de determinada coyuntura, llegan ser porcentajes que se aproximen al cero.

Además, la libre competencia es el gran factor natural que corrige y limita el beneficio en auxilio colateral del consumidor.

Pero el socialismo es enemigo de la libertad de mercado. Por eso anhela suprimir -y suprime siempre que puede- la competencia, sea económica, política, intelectual o de cualquier tipo. Y a ese liberticidio lo llaman igualdad. En esa igualdad no hay competencia sino simple complacencia y servidumbre al sistema socialista.

Esto es muy, muy serio, pues su forma de acabar con la libertad de mercado es el monopolio estatal (totalitario); el método para suprimir al mejor dotado es la igualdad obligatoria; y la manera de eliminar la competencia política es y ha sido, entre otras, el pogromo, la prisión, la tortura, el asesinato y, antes de todo, la mentira y propaganda previas.

El socialismo miente siempre, tanto que en los últimos tiempos se niega a sí mismo encubierto bajo la etiqueta de progresismo como forma de ocultar y travestir su incompatibilidad con la libertad económica, de pensamiento, de expresión y circulación, propios del sistema democrático liberal.

Su renuncia o refutación al marxismo es –cuando esta se produce- siempre cosmética. Una conversión falsa que les permite operar en la democracia liberados de la contradicción teórica para, en cambio, aplicar sistemáticamente su praxis.

Como anteriormente apuntaba, el socialismo es negación de la realidad de la escasez. En consecuencia toman el binomio riqueza-desigualdad como necesidad causal única y absoluta, cuya irrealidad hace “progresar” a las sociedades hacia la pobreza con políticas violentas e intervencionistas contra la propiedad, justificadas a hombros de mil antagonismos sociales, envidias o resentimientos entre rico y pobre, frustrado y feliz, tonto y listo, torpe o hábil, empleado o empresario… cuya forma más perfecta culmina con el hombre antagonista de sí mismo agendado en el relato apocalíptico 2030.

Oposiciones antagónicas artificiales y amplificadas para en lugar de incentivar en positivo la superación de la escasez fundada en la eficacia y el esfuerzo, van presentadas en negativo en función de un injusto reparto de la riqueza que señala explícita o implícitamente la ilicitud de los afortunados, bien lo sean por su actividad, inteligencia, capacidad, el azar genético o genealógico, geográfico u otros.

Como vemos, en el socialismo la cantidad estratégica de disforias, vulnerabilidades o desigualdades será siempre gigantesca e insalvable, lo cual conlleva que habrá un fundamento, argumento u oportunidad para que el ideólogo -por estas y otras razones- promueva su revolución totalitaria hacia la dictadura elitista del progretariado contra el sistema democrático desde dentro.

¿Alguien dudará todavía cuál es el verdadero papel, objetivo último y el destino final del socialismo dentro de una democracia?




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